Cartas de los lectores



Orden, eficiencia y trato

Señor director:

Recientemente estuvimos dos amigos en Multicentro La Sirena de la Churchill, DN, renovando sendas licencias de conductor. Fuimos preparados para el ejercicio del viacrucis al que se ha mal acostumbrado a la ciudadanía en las instituciones del gobierno. Pero allí fue distinto. Había que dar cuatro pasos, aparte de los impuestos que los habíamos comprado antes.

Fueron cuatro pasos atendiendo al orden de llegada. La bondad comienza con la llegada al salón debidamente ambientado donde está establecido el personal. Nadie violenta el turno de otro, y el buen trato parece ser la regla, donde en cada paso nos recibieron con respeto y amabilidad, sin pedir propina para agilizar el proceso. En unos 25 minutos recibimos nuestras licencias renovadas.

El buen trato que estamos destacando debiera ser normal y ordinario en cualquier institución pública o privada. Sin embargo, en esta selva casi virgen todavía, el mal trato y el picoteo son la rutina, lo cotidiano, muy especialmente en las dependencias del Estado, donde la mayoría de funcionarios y empleados asumen los cargos como de su propiedad, al que se les pega lo ajeno.

Tratan con arrogancia y desdén a clientes y usuarios de servicios. No saben que los cargos no son permanentes, que tarde o temprano los dejarán, irán a otros o a sus casas, y en los peores casos van a la morada definitiva. La mala costumbre es el picoteo, la prepotencia, el trato frío y grosero. No aprenden que los requirentes de servicios no están pidiendo favor, sino sustentando derechos que muchas veces son pagados, caros y abusivos.

La eficiencia y buen trato de esta dependencia de Obras Públicas y Comunicaciones merecen reconocimiento y felicitación de nuestra parte, por perseguir la perfección de lo que hace, y ojalá que otras instituciones del Estado imiten el ejemplo de gerencia para la eficacia.

Cada cargo lleva consigo su autoridad para hacerlo bien, ser responsable, transparente, honesto, humilde y con buenas relaciones con la gente. Muchos/as secretarios/as y recepcionistas repelentes no saben que son el rostro del ejecutivo y de la institución misma. Los funcionarios engreídos que ponen trabas para recibir visitas que no sean familiares y amigos de su agrado, niegan derecho, pues esa es parte de sus funciones; debieran asumir que están allí de manera transitoria, y que los puestos son para resolver, no para poner trabas ni crear problemas a nadie.

Atentamente,
Lic. Santiago Martínez