¿Realismo político?
En los “nuevos tiempos” se considera fundamentalismo acompañar la política de la ética, sin importar si ese principio está sustentado en las doctrinas de Platón, Aristóteles, Kant, Mahatma Gandhi, Che Guevara o Ho Chi Minh.
La realpolitik o «realismo político», concepto en que ética y política son irreconciliables, es la guía de la partidocracia, sus satélites y mentores, quienes controlan el Estado.
Como una variante de las ideas del alemán Otto von Bismarck, quien acuñó el término, el «realismo» de los politiqueros dominicanos le sirve de fundamento para alimentar el transfuguismo y depredar el erario.
Para estos Al Capone, asumir la ética es “pura cháchara”, como consideraba el florentino Nicolás Maquiavelo a la religión, quien validó como un firme axioma que «el fin justifica los medios». Por esa conducta sociopática es que “la política” ha sido considerada el lugar de cita de la hipocresía, la mentira, el engaño, el chantaje… “contrarios a la limpia ejecutoria del hombre moral”.
Estos señorones y señoronas, actúan de espalda a la conceptualización aristotélica de que “procurar el bien de una persona es algo deseable, pero es más hermoso y divino conseguirlo para un pueblo”. Sus instintos les guían a rivalizar con sus iguales en el campo del deshonor, para obtener el botín que representa el patrimonio público de un país que vive el drama del teatro griego.
La gangrena de esta sociedad hace posible que el sicariato, traficar estupefacientes, lavar sus activos y robar al Estado sea parte de la realpolitik. Y en esas aguas pestilentes todos nadan sin rubor, unos al estilo mariposa, otros de espalda, a la braza y al crol, mientras en franco contubernio chupan sin cesar las tetas de la extenuada vaca nacional.
Por: Anulfo Mateo Pérez
anulfomateo@gmail.com

