El CES 2026 volvió a confirmar algo que ya se venía insinuando: la conversación tecnológica ya no gira solo en torno a potencia, pantallas o especificaciones, sino a cómo la inteligencia artificial se integra —y se materializa— en productos, plataformas y experiencias reales. En ese contexto, LG, Samsung, Motorola y Nvidia ofrecieron miradas diferentes, pero complementarias, sobre hacia dónde se mueve la industria.
LG insistió en una visión donde la tecnología desaparece como concepto y se vuelve parte del entorno. Su enfoque en hogares más autónomos, apoyados en IA y robótica, apunta a reducir fricciones cotidianas más que a deslumbrar con gadgets aislados. La idea de “IA física” dejó de ser abstracta y se materializa en robots funcionales, electrodomésticos más conscientes del entorno y sistemas que aprenden del uso real marcaron su presencia. No todo está listo para mañana, pero la dirección está claramente trazada.
Samsung, por su parte, afinó su discurso. La IA sigue siendo el eje, pero ahora con un tono más pragmático y personalizado. Aqu?í vimos pantallas que se adaptan, dispositivos que entienden hábitos y un ecosistema que busca coherencia entre hogar, entretenimiento y movilidad. La percepción es que Samsung está en una fase de ajuste fino, intentando que la inteligencia artificial sea percibida como aliada y no como ruido tecnológico.
Motorola se movió en un terreno más familiar: el del smartphone como dispositivo ya atravesado por la inteligencia artificial. Lejos de plantearlo como novedad, el foco estuvo en una evolución incremental, donde cámaras, asistencia contextual e interacciones más fluidas afinan una experiencia que lleva tiempo incorporando IA, pero que ahora se presenta con mayor coherencia.
En el trasfondo de todo, Nvidia volvió a ocupar el rol de habilitador. Más que productos finales, su protagonismo estuvo en la infraestructura: plataformas, chips y software que permiten que todo lo anterior exista. La IA generativa, la robótica y los sistemas autónomos que se vieron en el CES dependen, en gran medida, de ese músculo computacional. Nvidia no mostró el futuro como concepto, sino una solución que busca optimizar todo el entramado.
Vistas en conjunto, las propuestas de estas cuatro compañías dibujan un mismo escenario: la tecnología de 2026 no busca llamar la atención por sí sola, sino integrarse, aprender y actuar. Hay productos listos para el mercado y otros claramente conceptuales, pero todos apuntan a un mismo horizonte donde la inteligencia artificial deja de ser una capa adicional y se convierte en parte estructural de la experiencia. El CES, una vez más, funcionó como vitrina y termómetro de ese cambio.
A diferencia de otras ediciones dominadas por promesas a largo plazo, en 2026 se percibe una industria más contenida y consciente de sus propios límites. La inteligencia artificial ya no se plantea como solución universal, sino como una herramienta que debe justificar su presencia en usos concretos y plausibles.
También resulta evidente una convergencia entre lo conceptual y lo comercial. Muchas de las propuestas exhibidas no llegarán al mercado de inmediato, pero tampoco parecen ejercicios de laboratorio sin destino. Funcionan más bien como declaraciones de intención: adelantos de tecnologías que se están probando, afinando y validando antes de dar el salto definitivo. En ese punto, el CES sigue cumpliendo su rol histórico como espacio de transición entre la idea y el producto.
En conjunto, lo mostrado por LG, Samsung, Motorola y Nvidia refuerza una idea central: la próxima etapa tecnológica no será estridente ni disruptiva en el sentido clásico, sino progresiva.

