Editorial

Chivos sin ley

Chivos sin ley

La Autoridad Metropolitana del Transporte (Amet) se dijo que había decidido no exigir  licencia, seguro ni placa a  conductores de motocicletas, a los que sólo se les requeriría  el uso del casco protector.  El director de esa entidad, general José Anibán Sanz Jiminián, anunció hoy que se instalará una oficina para dotar  a motoconchistas de tales documentos.

Miles de motociclistas  circulan por calles y avenidas sin  licencia, matrícula ni la  póliza  requerida para garantizar  resarcimiento civil en caso de accidentes, lo que constituye un serio problema.

 Es loable el esfuerzo que realiza Amet para lograr que todos los  motoconchistas usen casco protector como forma de  evitar muerte o lesiones graves, pero  esa institución no  puede ni debe renunciar a su obligación de hacer cumplir la ley.

 No es posible que  para  estimular que  un   ciudadano cumpla con una disposición legal, la autoridad le exonere del cumplimiento de otras obligaciones, con lo que se crea un tipo de privilegio que otros sectores del transporte exigirían para sí.

 ¿Qué hacer si  choferes del concho que hoy obstaculizan la mayoría de las avenidas  y corredores  de tránsito, exigen que se les  exonere de seguro, licencia y placa como condición para despejar la vía pública?

Todo  adquiriente de una motocicleta está obligado a  dotarla de la placa y seguro correspondiente y se sabe que para manipular ese vehículo se requiere de una licencia oficial, por lo que nadie  debe alegar negligencia o justificar falta imputable.

Se resalta como positivo el anuncio del director de Amet de  habilitar una oficina para  dotar a los motoconchistas de la documentación requerida por la ley, pero es claro que  nadie puede transitar sin portar esa documentación.

Resulta inaceptable que en aras de  conseguir ese objetivo esa entidad renuncie  a su obligación de exigir el cumplimiento de la ley.

La ley es igual para todos, sin importar  condición social,   credo religioso o filiación política, a menos que nos   resignemos a vivir como chivos sin ley.

El Nacional

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