Editorial

Clarinada

Clarinada

Los tres temblores que se sintieron esta madrugada en  Santo Domingo y la zona Este deberían motivar a  autoridades y población a poner  en marcha un  vasto e intenso programa de prevención  ante la posibilidad de que un sismo de categoría mayor afecte áreas del territorio nacional situadas sobre comprobadas fallas geológicas.

 La magnitud del mayor  seísmo fue de 5.6 grados en la escala de Richter y tuvo su epicentro al sur de la isla Saona, apenas a 74 kilómetros  al sureste de La Romana y a  155  al Este de Santo Domingo, sin reportes de víctimas o daños materiales  de consideración.

Llama la atención que en la zona del Este donde  a las 12:55 de la madrugada se sintió el sismo de más fuerte  intensidad, se han registrado frecuentes temblores durante casi todo el año, por lo que se requiere que el Centro de Operaciones de  Emergencia (COE) y los institutos de sismología orienten a la población sobre qué hacer en caso de un desastre.

Se sabe que la  Hispaniola, especialmente  la región septentrional, es considerada como territorio de alto riesgo sísmico, por estar situada en el borde de interacción entre las placas tectónicas de Norteamérica y el Caribe, lo que se refleja en la historia sísmica del lado Este de la isla que ha sido asolado por seis  terremotos catastróficos, el último  en 1946.

No debe olvidarse que  el 12 de enero Puerto Príncipe y áreas circundantes fueron virtualmente destruidos por un terremoto que causó más de 300 mil muertos y  dejó sin viviendas a más de un millón de haitianos.

La  advertencia sobre  la posibilidad -Dios quiera que nunca suceda- de que se registre un seísmo de gran magnitud, no procura alarmar a la población, sino movilizar  conciencia cívica sobre la imperiosa  necesidad de poner a la población al tanto de esa eventualidad y de proveerla de un  protocolo de prevención y de mitigación de desastre.

Contrario a las tormentas y huracanes, cuyas trayectorias son previsibles, el sismo no  anuncia fecha de su breve y destructiva presencia, lo que obliga a Gobierno y población a  adoptar medidas   de prevención  de largo plazo como serían aplicar con severa rigidez la ley sobre seguridad antisísmica en construcciones de  viviendas, carreteras y edificios de multiuso y   educar  a la ciudadanía sobre cómo comportarse  durante y después de la ocurrencia de un terremoto.

Los fuertes temblores de esta madrugada han de tener el efecto de clarinada para que  nadie alegue ignorancia sobre el hecho cierto de que  el territorio dominicano está situado sobre zona de riesgo de  sismos y que cualquier cosa puede pasar.

El Nacional

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