Por la división que lo afecta, el consenso es un camino escabroso en el Partido Revolucionario Dominicano (PRD). Pero decisiones unilaterales, como la supuesta reunión de su Comisión Política en que se escogió a los organizadores de la próxima convención de ese partido, solo contribuyen a echar más combustible a una crisis que ya le ha causado cuantioso daño. Con decisiones tan controversiales hay quienes se preguntan, no sin razón, si su propósito no es fomentar una formal ruptura.
El conflicto que afecta al PRD preocupa por dos razones fundamentales. La primera es el valioso aporte de ese partido al sistema democrático, al margen de su legado a favor de las libertades públicas y los derechos humanos. Y el segundo el subsidio financiero que recibe del contribuyente. Tratándose de una organización articulada a las normas legales y constitucionales no es una intromisión ni toma de partido pedir explicaciones ni reclamar transparencia a sus dirigentes.
La objetada reunión por “ilegal e ilegítima” de la Comisión Política convocada por el presidente del PRD, Miguel Vargas Maldonado, no debe imponerse como un acto de fuerza en un partido democrático solo porque se cuente con la seguridad de que cualquier conflicto será ganado en los tribunales Superior Electoral (TSE) o Constitucional. Un sector, que reivindica la condición de mayoritario, alega que el procedimiento para la convocatoria fue irregular y la designación de un delfín como Julio Maríñez al frente del grupo que montará la convención es una señal por lo menos de malas artes.
Erwin Cott
Erwin Cott Creus, quien falleció el jueves a los 77 años de edad a causa de un paro cardíaco, era un arquitecto de vasta cultura, que dominaba hasta con los detalles más imperceptibles todo lo relativo al entorno colonial de la ciudad, del país y de la isla. Era también un profesional de una gran sensibilidad social, como evidencia la sección “Realidades Desnudas”, que coordinaba en este periódico.
Cott Creus, que se había graduado en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), donde ejerció la docencia por muchos años, y se doctoró en Arquitectura en la Universidad de los Estudios de Roma, dejó huellas tangibles en la vida nacional. Fue de los fundadores del Colegio Dominicano de Ingenieros, Arquitectos y Agrimensores (Codia) y de la Sociedad de Arquitectos de República Dominicana.
Su deceso ha sido una gran pérdida no sólo para sus familiares, para este diario, sino para toda la nación. Era un profesional competente y un ciudadano responsable.

