Como cada domingo



8 de marzo.-

Sí. Ya se sabe. Es el Día Internacional de la Mujer y con la fecha vuelven las conmemoraciones, las marchas, las medallas al mérito (merecidas y justamente asignadas), las declaraciones, los anuncios publicitarios tratando de aprovechar el ímpetu de las ventas o la asociación de marcas con causas inobjetables, la repetición casi al calco de la mismas crónicas conmemorativas en los medios, sobre todo en el medio impreso y en la televisión, sobre la fecha, todo casi al calco de lo que viene ocurriendo cada 8 de marzo.

PÁGINA 31 SOSA Oba de Jorge Severino

Es como una película repetida. Una postalita con la que se juega una y otra vez. Como una presentación a la que se ha asistido ya tantas veces, con solo una agravante: los crímenes contra las mujeres, los feminicidios, son ahora más frecuentes, son ahora parte de un menú mediático que ha galvanizado la conciencia y la sensibilidad pública, y – con excepción de los grupos feministas y el Ministerio de la Mujer- ya no causan alarma, ni provocan crisis. Son parte integral del paisaje y como tal, dejan de llamar la atención como elemento aislado del conjunto.

La sangre de las mujeres se sigue derramando. Y lo peor es que los medios hasta les estamos dando la vocería justificadora a los asesinos para que nos convenzan de que mataron las mujeres porque ellas lo merecían, victimizando doblemente quienes han perdido sus vidas.

El 8 de marzo que aspiramos, lo concebimos como una fiesta llena de vida. Sin sangre. Sin dolor. Sin crímenes de odio.

Cuando sea así, entonces habrá motivos justos para celebrar.