Editorial

¡Cónchole!

¡Cónchole!

Ladrones le cercenaron el cuello a un niño de once años en El Seibo para despojarlo del dinero que  transportaba de un lugar a otro en la finca de su padre; otro menor de 16 años fue asesinado en Boca Chica por desalmados para despojarlo de un teléfono móvil y  dos  infantes han muerto  por impactos de bala en  atracos o  durante enfrentamientos entre bandas de delincuentes.

La violencia delincuencial ha estallado de nuevo con  sucesivos casos de  atracos, robos, violaciones, secuestros, con saldo de muchos muertos y heridos, incluidos oficiales y agentes de la Policía, delincuentes e infelices ciudadanos.

Se mencionan los casos de tres individuos muertos en enfrentamiento con una patrulla policial en   que logró liberar a un comerciante que mantenían secuestrado en una vivienda y la de otros dos atracadores abatidos  por un sargento de la Policía que frustró un atraco a una banca de lotería en Santo Domingo Este.

Otro secuestro, el de un comerciante en Bonao, fue reportado por la Policía, sin que se mencionen decenas de casos de  atracos y robos agravados que ocurren a diario en casi toda la geografía nacional, o de  asesinatos por encargo que se perpetran en barrios y sectores residenciales.

No se exagera si se afirma que la criminalidad retoma su punto más alto, movida quizás por  el incremento en el consumo y tráfico de drogas, flagelos que las autoridades no han podido controlar.

Las actividades nocturnas se reducen  de manera significativa por temor de la gente de  convertirse en víctima de  una delincuencia en expansión que decreta toque de queda  en las angustiosas noches que se viven entre atracos y apagones en  barrios y municipios.

El cacareado programa Barrio Seguro ha quedado a la deriva, mientras los crímenes y delitos se multiplican,  sin que las comunidades  sientan la más mínima protección del Ministerio Público ni de la Policía,  al punto que  la gente ya no se siente segura ni  aun escondida en sus habitaciones.

Con el temor de que de nuevo se  clame en el desierto, se reclama del Gobierno colocar en su agenda de extrema prioridad el compromiso de  garantizar  por todos los medios posibles la inexistente seguridad ciudadana, porque el auge de la delincuencia criminal es tal que ya se asesina a niños para  robarles  o caen abatidos  en  enfrentamientos  entre vándalos.

El Nacional

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