Editorial

 Consejo al DNI

 Consejo al DNI

El Departamento Nacional de Investigaciones (DNI)  se erige como una inexpugnable estructura de poder  que pretende estar por encima de la  Constitución y  las leyes, que con el pretexto de  proteger la seguridad interior del Estado, se arroga autoridad para vulnerar derechos de los ciudadanos.

Esta es la hora y el día que aún los jefes del DNI no ofrecen explicación alguna  sobre el enfermizo proceder de infiltrar sus agentes en labor de caliesaje en encuentros con periodistas, como  su no disimulada incursión en la rueda de prensa  convocada el 31 de mayo en un hotel de la capital por abogados puertorriqueños que dijeron representar a familiares del prófugo José David Figueroa Agosto.

En esa ocasión,  efectivos del DNI se  colaron disfrazados de periodistas  en la conferencia de prensa con los juristas boricuas para recabar informaciones  sabe Dios con cuáles propósitos, porque hasta donde se sabe esa no era una reunión con carácter sedicioso.

Esa agencia, dependiente del Poder Ejecutivo, opera en base a la ley 857 del 22 de julio de 1978, para “apoyar la estrategia de seguridad nacional en procura de mantener la estabilidad, orden, prosperidad y continuidad del Estado”, cuestión que seguramente no entenderían los escribientes infiltrados como falsos periodistas en esa rueda de prensa.

En provecho del DNI debe decirse que  entre sus atribuciones está la de colectar y procesar informaciones relativas al crimen organizado, a fin de poder detectar actividades delictivas  que atenten contra  el orden público, la Constitución y las leyes, pero es obvio que ese tipo de datos no se  obtienen con la vulgar infiltración en una rueda de prensa.

Si ese es el motivo de tal caliesaje, entonces se recomienda  al DNI infiltrar sus agentes  en el Ministerio Público o en los  cuerpos investigativos policiales y militares para que recabe información que pueda explicar las razones por las cuales se instruye un expediente  de narcotráfico sin  que figure la acusación de violar la ley 50/88 sobre tráfico de drogas.

 En vez de intimidar a la prensa, los calieses del DNI pueden ayudar a develar las razones por las cuales la sábana del expediente Figueroa Agosto no alcanza para cubrir  a mucha gente de seda y lino, inexplicablemente excluidas o nunca interrogadas.

Los diligentes agentes de esa y otras agencias de espionaje o inteligencia deberían averiguar por qué el Ministerio Público instruye acusación contra varias personas por lavado de dinero proveniente  del negocio de drogas, si no se acusa a nadie de narcotráfico o por qué se acusa a dos innombrables sin antecedentes criminales, de asesinar por encargo a un coronel, un empresario y un lugarteniente de Figueroa Agosto.

Si los jefes del DNI no quieren explicar el porqué del caliesaje a la prensa, al menos que acepten el consejo de  escudriñar en la madriguera.

El Nacional

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