La agencia oficial a cargo del combate contra el narcotráfico opera con un déficit mensual de 1.5 millones de pesos, mientras el comercio de sustancias controladas y el lavado de dinero proveniente de ese crimen movilizan cientos de millones de dólares en territorio nacional, trágica paradoja que explica por qué ese flagelo se incuba como mancha indeleble en el tuétano de la sociedad dominicana.
El presidente de la Dirección Nacional de Control de Drogas, mayor general Rolando Rosado Mateo, dijo que ese faltante de 18 millones de pesos se cubre con recursos que recibe por mandato de la ley 72-02 sobre blanqueo de dinero, en razón de que esa institución carece de partida fija en el Presupuesto Nacional.
Resulta un contrasentido que la DNCD realice su labor en medio de precariedades financieras, en un país señalado como uno de los principales puertos de trasbordo de toneladas de drogas dirigidas desde Suramérica a Estados Unidos y Europa, como si fuera posible reeditar la historia de David y Goliat.
La persecución al narcotráfico y crímenes conexos requiere de gran respaldo económico y logístico, pero aquí se pretende que la DNCD enfrente solo con unas y dientes y sin ningún tipo de incentivo para sus agentes a una multinacional del crimen que maneja en la región más de 40 mil millones de dólares anuales.
Esa agencia antidrogas debe ser de las principales beneficiarias de los beneficios económicos que generen incautaciones y decomisos por narcotráfico y lavado de dinero proveniente de esa actividad criminal, aunque se reconoce que el Ministerio Público también requiere de recursos adicionales para poder perseguir a ese flagelo.
En países como Colombia y Perú, los agentes antidrogas reciben de manera directa incentivos pecuniarios provenientes de los activos incautados al narco o a testaferros, procedimiento similar al que se emplea en el ámbito aduanero a favor de los empleados que detectan contrabandos o subvaluaciones de mercancías.
Duele saber que en vez de promover el fortalecimiento del ente principal de persecución del narcotráfico y lavado de activos, se promuevan iniciativas que gravarían aún más el estado de precariedad económica en que se desenvuelve la DNCD, que para combatir a ese monstruo tendrá que agenciarse la onda que usó el personaje bíblico para vencer al gigante en la historia del Viejo Testamento.

