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Efraim Castillo

El jingle; su historia 2 de 2

Cuando escribí la historia del jingle en mi libro Sobre publicidad dominicana, en 1979, los compositores que los producían en los años sesenta estructuraban un ensamble con una cantidad determinada de músicos. Por lo regular, este ensamble se formaba con entre cuatro y seis músicos, dependiendo del presupuesto asignado al jingle.

Usualmente, Rafael Solano, Bienvenido Bustamante, Jorge Taveras, Milton Peláez, Danny León o Radhamés Reyes Alfau, contrataban a sus músicos y cantantes preferidos. Solano, por ejemplo, incluía en sus trabajos a los músicos de su orquesta y a los cantantes que crecieron junto a él en el programa La hora del moro: Niní Cáffaro, Fernando Casado, Luchy Vicioso, Cuqui Defilló, y el cuarteto Los Solmeños, integrado por los mellizos Horacio y Rafael Pichardo, Nandy Rivas y Tito Saldaña; aunque también a Francis Santana y Julita del Río.

Entonces, el precio de un jingle se desmenuzaba así: a los músicos se les pagaba veinticinco pesos, a los cantantes cincuenta y al compositor ciento cincuenta, anexando a dicho costo el alquiler del estudio de grabación. Recuerdo que el jingle que produje con Solano para los tenis Paseo, Siete Vidas y Campeón en 1969, que fabricaba la vulcanizadora Celso Pérez (en donde intervinieron cuatro músicos y la cantante Julita del Río), costó sólo trescientos pesos, una suma que parece ridícula si la comparamos a los cien mil pesos y pico que cuesta un jingle, hoy.

Aunque la depreciación del peso dominicano frente al dólar norteamericano no fue tan violenta al entrar el decenio de los setenta (1.40 por 1), el costo del jingle sufrió un considerable aumento tras dispararse los precios del petróleo en 1973, tras la guerra de Yom Kippur, llegando a superar los dos mil pesos. Luego, al principiar los ochenta y el valor del dólar alcanzar los 2.40 por peso, el jingle realizado por un compositor de primera se cotizó en hasta diez mil pesos.

Sin embargo, en esa misma década la música electrónica acaparó la mayoría de las producciones discográficas mundiales y entró enérgicamente a los estudios de grabación del país, reduciendo considerablemente el costo de los jingles con la utilización de los sintetizadores (creados a mitad de los sesenta por los norteamericanos Robert Moog y Don Buchla, y el japonés Ikutaro Kakehashi), así como con el advenimiento del protocolo universal MIDI (Musical Instruments Digital Interface), que es hoy utilizado en el 75% de las producciones musicales. Con este protocolo, un compositor puede producir no sólo jingles, sino otras composiciones, creando sonidos musicales electrónicos que imitan instrumentos acústicos, verdaderos.

Para explicar las fluctuaciones de los costos del jingle los economistas argumentarán motivos inflacionarios y se apoyarán en los precios del petróleo; pero considero que hay otras razones que se mueven en los desequilibrios de nuestro tejido social, aunque nada de eso importa, ya que lo esencial es la jerarquía de esta pequeña pieza musical en la campaña publicitaria, sin cuya presencia la estrategia de comunicación se vendría abajo.

Por: Efraim Castillo
efraimcastillo@gmail.com

El Nacional

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