Opinión

Crímenes de odio

Crímenes de odio

En menos de 24 horas un individuo disparó contra clientes de un centro comercial, en El Paso, Texas, con saldo de 20 muertos y 30 heridos, y otro asesinó a balazos a diez transeúntes e hirió a 16, en Ohio, en la continuación de una cadena de tragedias que conmociona a Estados Unidos.
Días antes, tres personas murieron y doce sufrieron heridas cuando otro joven disparó contra una multitud que asistía a un festival gastronómico en Gilroy, California, en otra masacre que se cree motivada por odio racial.

Patrick Wood Crusius, autor de la matanza en el centro comercial Walmart, en la ciudad fronteriza con México, viajó nueve horas para perpetrar el crimen, y antes había colgado en Internet un mensaje que hablaba de una “invasión hispana de Texas” y planteaba que “si podemos deshacernos de suficientes personas, nuestra forma de vida puede ser más sostenible”.

En 2019 en Estados Unidos se han producido más de 250 tiroteos con decenas de muertos y heridos, la mayoría asociados al delito de odio o a la proliferación de armas, lo que ha desatado un debate entre quienes creen que son episodios de salud mental y los que sostienen que son resultados de un expandido discurso racista.

El presidente Donald Trump y la poderosa Asociación del Rifle rechazan que las sucesivas masacres tengan algún tipo de relación con el comercio libre de armas de fuego, aunque la casi totalidad de los autores de esas matanzas adquirieron fusiles y pistolas automáticas con la sola presentación de una tarjeta de crédito.

Ninguna agencia federal ha realizado estudios en relación al perfil de comportamiento de los jóvenes autores de esas masacres perpetradas en escuelas, universidades, teatros, centros comerciales, discotecas y festivales, por lo que no es posible sustentar la tesis de que tan execrables acciones son producto de la locura.

Lo que sí es posible determinar es que muchos de esos crímenes son perpetrados por individuos que pregonan la supremacía blanca y que entre los muertos y heridos figuran muchos hispanos y afroamericanos, por lo que no es descabellado sospechar que la sociedad estadounidense ha vuelto a infectarse de odio racial.

Ojalá que las tragedias de El Paso, Ohio y Gilroy, que han causado al menos 30 muertos y 58 heridos, sirvan para sensibilizar a la Administración del presidente Donald Trump en torno a la necesidad de revisar y restringir el comercio de armas, y de bajarle el tono al áspero discurso de la Casa Blanca contra lo que el mandatario define como “invasión” de inmigrantes.

El Nacional

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