Editorial: Criminalidad



La indignación es lo primero que asoma frente a crímenes tan conmovedores como el de la ejecutiva bancaria Julissa Campos, ocurrido el lunes en la madrugada durante un asalto a su residencia, y el del deportista Dionicio Batista Dhimes (Tyson), acribillado el martes en la noche por desconocidos en La Romana. Pero la irritación en sí misma, aunque no sea más que un grito de impotencia, no basta para combatir esa criminalidad que siempre cobra víctimas inocentes.

Las muertes de la señora Campos, de 43 años de edad, y de Batista Dhimes, de 47, son signos perturbadores, más todavía en el marco de un proceso electoral plagado de incógnitas. La mujer recibió un disparo hecho por un asaltante que penetró y fue sorprendido en su residencia, ubicada en el sector Las Acacias II, en la carretera de San Isidro, en Santo Domingo Este. Esa zona es descrita, por demás, como una de las que más casos de violencia registran en el territorio.

Lo que le ocurrió a la ejecutiva bancaria podía pasarle a cualquier ciudadano, porque la criminalidad ni la delincuencia hacen distinción. La irritación que causan esos casos es lo más natural, pero cada crimen debe constituir un aviso para las autoridades sobre la necesidad de emprender las acciones pertinentes para preservar la seguridad ciudadana. Se tiene que capturar a los culpables, pero sin perder de vista la realidad.

Al ocurrir en medio de una ola de feminicidios y otros casos violentos los crímenes de la señora Campos y de Batista Dhimes plantean muchas interrogantes. Al deportista de La Romana, abatido a balazos frente a su residencia por desconocidos que se desplazaban en una motocicleta, lo despojaron de un celular. Cualquiera se resiste a aceptar que se quite una vida solo por un aparato telefónico, sin importar el valor.

Sobre esa realidad que con tanta claridad desafía a las autoridades puede verse, tal vez como colofón, el caso de los dos miembros de un equipo de asistencia médica motorizado del Sistema Nacional de Emergencias 911 que resultaron heridos durante un asalto en plena labor en la avenida Padre Castellanos.

Hay que condenar la delincuencia y la criminalidad, pero también prevenirlas y enfrentarlas con acciones eficaces para evitar otras víctimas como la señora Campos y el deportista Bautista Dhimes. O casos como el del personal del 911.