CRÓNICA DEL PRESENTE



¡Agosto siempre! II

El autor de esta columna ha perdido la cuenta en cantidad de veces, que hemos escrito en conmemoración de la Restauración de la República, que tuvo sus inicios el 16 de agosto de 1863, en Capotillo, hoy municipio de la provincia Dajabón, lugar donde fue izada la bandera dominicana, confeccionada por Humberto Marzán, sastre isleño, que vivía en Cabo Haitiano y que dejó después en territorio dominicano una larga descendencia, encabezada por distinguidas mujeres nacidas y residentes en Montecristi.

La Restauración de la República es la gran epopeya, principalmente militar, del pueblo dominicano, porque la valentía, constancia, coherencia y esplendor, se la otorgó a esa gesta, la aplicación de un método irregular de guerra, que recibió a partir de entonces, en nuestro país y en otros lugares de América y el mundo, el calificativo de guerra de guerrillas.

Ese método de combatir a un enemigo más poderoso, en defensa de la independencia y soberanía de la patria, fue muy propio y aplicado contra los ejércitos españoles, a partir de 1519, siglo XVI, por aquel extraordinario personaje conocido con el nombre de Enrique o Enriquillo; razón por la cual el autor de esta columna ha bautizado a Enriquillo como el fundador de la Escuela Militar Dominicana; ensayo histórico que publicaremos próximamente.

Ese método de guerra irregular, fue recogido y sintetizado en pedagógico lenguaje militar por uno de los fundadores de la República, Matías Ramón Mella, el primer y gran estratega militar en la historia del pueblo dominicano.

El manual de guerra irregular, escrito por ese genio militar, está publicado íntegramente en el retrato biográficode ese inolvidable trinitario, en nuestro libro titulado Héroes y próceres dominicanos y americanos, obra histórica traducida al alemán, inglés, francés y portugués para los archivos biográficos de la K.G. Saur Verlag Munchen de Alemania, reputada como la casa editora de libros educativos más importante del mundo.
Mella era ministro de la Guerra del gobierno restaurador, y comunicó en fecha 26 de enero 1864, a los jefes militares de la Línea Noroeste que luchaban contra las tropas españolas, la forma en que debíamos enfrentarnos con esas tropas que eran, en términos militares, más grandes y poderosas que las que podía reunir nuestro gobierno para restaurar la independencia y soberanía de la Patria, en hombres aptos para la lucha de una población que apenas llegaba a 180 mil habitantes aproximadamente.

Años después restaurada la República, en 1868, se dio inicio en Cuba a la llamada Guerra de los Diez Años, para proclamar su independencia, en el hermano pueblo cubano, primera colonia económica de España en ese momento. Y recibió nuestro pueblo, por aquellos dominicanos que participaron en esa guerra, el honor de enseñar a los cubanos el método y arte de pelear contra los españoles.
Los principales de esos compatriotas fueron, Luis, Francisco y Feliz Marcano, Modesto Díaz, Orlando Gil y Máximo Gómez, éste último llamado por Juan Bosch, “El Napoleón de las Guerrillas”

. Ahora el próximo viernes 16 de agosto, se habrán cumplido 156 años del inicio de la guerra restauradora que le costó a España, aproximadamente, 40 mil soldados en bajas y a nuestro pueblo diez mil.

La guerra de la Restauración, generó una cantidad admirable de mártires y héroes, entre los cuales se destacan tal vez, un número aproximado de quince.

Entre ese número tienen primacía los que proclamaron en Capotillo en Agosto, arriando la bandera española y enhestando la dominicana a los cuales se sumaron después nombres que señalaremos con objetividad y honestidad en la próxima columna.