Admiro a Jael Uribe por más de una razón. Es una luchadora de la vida y el arte, una superviviente que ofrece su trayectoria, incluyendo la fundación del Movimiento de Mujeres Poetas Internacional, un proyecto cultural de pocos precedentes desde el ámbito cultural privado.
Una de sus más recientes actividades, el pasado martes 18, en el Laboratorio Evolutivo de Arte Contemporáneo en la Ciudad Colonial, realizó el recital Poesía de Mujer: Por una Navidad sin violencia en el marco de la Tertulia Poética del Dr. Eduardo Gautreau de Wind.
En ese concierto poético en el cual participaron algunas de las escritoras dominicanas representantes del Movimiento Mujeres Poetas Internacional (MPI), iniciado con las canciones de la diva argentina Manuela Rodríguez, quien a golpe de voz y guitarra expandía su reclamo por la paz retumbando los rincones del lugar, luego de tres canciones nos dejó plegados.
La primera poesía de la noche no fue la excepción, Las Evas Vivas de Jael Uribe dejó bien claro el lado de la historia de una mujer que cree que dentro de cada una hay una Eva que agoniza, que es asesinada cada día por ella misma, habla de mujeres que no se dan cuenta de su gran fuerza interna para levantarse y hacer frente a la violencia que permiten, sobre todo a la violencia que muchas mujeres ejercen sobre sí mismas al menospreciarse. Jael Uribe impuso su voz. Luego se dejaron sentir los tres poemas de Rossio Salvador, en los que se pidió a las mujeres no callar ni por Navidad.
Denisse Español declamó su poema Nadie. La poeta, de apariencia indefensa, pausada, tranquila, pero con una verdad certera en los labios que nos hizo sentir a todos cómo es convertirse justo en eso, en nadie.
Luz Aída Cruz, cuya poesía constituye una terapia de vida, un único lenguaje que practica no para ser poeta sino para rescatarse de sí misma y de la vida, en su primera intervención en público mostró una vertiente diferente, el otro lado de la cara de una mujer cuando se siente segura de sí misma, de una mujer timonel de su barca por el lago de la certeza sin miedo.
Su poema Itaca soy yo, lo dice todo. Luz es una mujer dueña de sí como pocas, como deberían ser muchas, como deberían ser todas.
Luego siguió Jennet Tineo y su poema La mujer espiral, enroscó en sus rizos a todos los hombres presentes, los envolvió en un mundo femenino íntimo que pocos conocen fuera de la cama y el sexo, en el mundo en el que la mujer se reserva para sí misma, sencillamente para hacer lo que le da la gana.

