Danilo Medina y el drama ecuatoriano de Moreno



Con su artículo del pasado lunes 18 de marzo publicado en un matutino local, titulado “En Argelia, el caso de Bouteflika”, el doctor Leonel Fernández creyó que amansaría el ímpetu reeleccionista de Danilo Medina con relatos sobre los avatares del minusválido líder de la inmensa nación de África del Norte; pero ignoraba el exmandatario que Medina se ha quedado en Carondolet, palacio presidencial de Ecuador, auscultando el proceso parricida desatado por el presidente de ese país, Lenín Moreno, contra su compañero de partido, el también ex presidente Rafael Correa.

Lenin Moreno triunfó en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de su país, celebrada el 2 de abril del 2017, gracias a que el presidente Correa hizo “todo lo que tenía que hacer” para que derrotara a su fuerte competidor Guillermo Lasso.

Lasso, un banquero abanderado de posiciones políticas e ideológicas antagónicas a las de Correa, representaba una seria amenaza para la “revolución ciudadana” y sus lideres.

Consciente de los riesgos, Rafael Correa actuó en esas elecciones de manera muy parecida a como lo hizo Leonel Fernández en el certamen electoral del 2012, cuando desguañangó la economía al ordenar un frenético ritmo de gastos e inversiones públicas (pro votos) para imponer a Danilo Medina sobre Hipólito Mejía.

Lo que nadie esperaba era que Lenín Moreno, hombre risueño, de faz tranquila, postrado en sillas de ruedas desde el 1998 y vicepresidente en dos periodos consecutivos de su mentor Rafael Correa, iba a iniciar desde el poder una enconada y radical persecución política contra el líder máximo de su propio partido.

Aparte denunciarlo como corrupto y enviar a la cárcel a su propio vicepresidente y hombre clave de Correa, ingeniero Jorge Glas, Lenin Moreno propuso una consulta o referéndum que en febrero del 2018 aprobó, con más del 64% de los votos, limitar a dos los términos del mandato presidencial, lo que impedirá al ex presidente Correa presentarse de nuevo a las elecciones presidenciales.

Este es un punto grave del conflicto, puesto que al parecer Moreno procura sacar al caudillo del horizonte político de Ecuador, y de ese modo gobernar sin el afán permanente de Correa de seguir siendo el líder irreemplazable dentro de Alianza País.

En otras palabras, la traición y la deslealtad fueron la única opción que tuvo Moreno para gobernar sin el espectro perturbador del “gran líder”.

En la República Dominicana, poco después de su llegada al Palacio en el 2012, Danilo Medina mordió la mano pródiga de quien lo llevó a la Silla.

El nuevo mandatario inició un desmonte sistemático, pieza por pieza, del mito Leonel Fernández. Algunos analistas citan dos botones de prueba: las visitas sorpresas y el denominado Quirinazo en febrero del 2015.

La primera revelaría a un presidente Medina de carne y hueso, cercano a la gente común, y concentrado en compartir problemas que dificultan la vida de centenares de familias.

Ese programa ha servido también para una ancha siembra clientelar personal y, de paso, como una crítica inicialmente demoledora al estilo distante y narcisista de Leonel Fernández.

Debido a sus ataques al ex presidente, algunos observadores han calificado a Danilo Medina de ingrato, pero la verdad es que la querella entre ambos líderes viene de lejos y su proclama inicial del 2007, ¡“me venció el Estado”! todavía reverbera en tímpanos morados.

Hay también – posiblemente-, explicaciones propias del psicoanálisis para esa conducta.
Por ejemplo, Medina necesitaba dotar de identidad y autoridad propias a sus decisiones como gobernante, liberarse de la sombra de un caudillo en desarrollo y del soplo de los vientos que anunciaban su regreso. Danilo Medina no quería ser un paréntesis de cuatro años entre dos momentos leonelistas (2004-2012 y un pretendido 2016 -2024).

Sin embargo, a pesar de sus previsiones, ocho años después la amenaza política aletea ominosa sobre Danilo, y parece que él, más que ninguno otro, la ve y la siente.

Leonel, está constitucionalmente habilitado para ser de nuevo candidato presidencial y con opción a un nuevo segundo periodo si la suerte lo acompaña; pero su compañero ha quedado impedido de por vida para ser otra vez candidato.

Danilo quiere eliminar el artículo transitorio 124 de la Constitución a los fines de rehabilitarse para (¿presente?) futuras elecciones, pero Leonel se niega a prestarle los votos de sus diputados y senadores para ese propósito. Le aterra abrir la caja de Pandora que es la Asamblea Nacional Constituyente, aparte de que prefiere dejar a su compañero de partido como “perico en la estaca”, fuera de juego para siempre.

El desafío para el partido, el PLD, es grave, porque habilitar de nuevo a Danilo Medina seria perpetuar las tensiones internas y la desinstitucionalización, puesto que en este país, mientras un ex gobernante esté constitucionalmente habilitado para aspirar de nuevo a la presidencia, seguro que lo hará.

Por otro lado, reelegir a Leonel seria condenar a todos los demás líderes peledeistas a la sumisión eterna, y al partido a una profundizacion de su esclerosis institucional y política.