El Ministerio de Trabajo ha presentado una nueva canasta familiar, que contrasta con la del Banco Central, y que, por su monto, constituye a todas luces un pie de amigo para los sindicalistas en las estancadas negociaciones sobre un necesario reajuste salarial para la clase trabajadora.
Puede interpretarse que para reforzar la consigna de los sindicalistas desde el Gobierno se optó por eliminar algo de maquillaje a sus números. Es lo que explica que se alegue que en los últimos dos años la inflación fue de un 14,50 por ciento y que a enero de este año el costo de la canasta familiar para los sectores de más bajos ingresos fuera de 10,546 pesos mensuales.
Como si se tratara de un juego de estrategias los empleadores se han apoyado en las estadísticas oficiales sobre inflación para defender su propuesta sobre el incremento salarial. E incluso con un dejo de comprensión al reivindicar que su oferta supera lo consignado por la ley.
Los empresarios suelen validar las estadísticas oficiales sobre la economía, pero hasta que tienen que sentarse a hablar de salarios. Es el momento de los peros y aclaraciones que delata complicidad con una realidad que no es la percibida por los trabajadores ni las grandes mayorías.
En un informe al sector empleador, el Ministerio de Trabajo indica que el costo de la canasta familiar para el primer quintil, compuesto por los trabajadores de más ingresos, pasó de 10,407.56 en 2010, a 10,546 en enero de este año, muy por encima de los 5,158 del sueldo mínimo.
Pero a pesar de que según la Organización Internacional del Trabajo (OUT), República Dominicana cuenta con uno de los salarios mínimos con menos poder adquisitivo de la región, los sindicalistas pierden de vista la realidad con demandas desproporcionadas y actitudes radicales.
Las accidentadas negociaciones sobre un reajuste salarial plantea la adecuación de las estadísticas oficiales, para evitar que sean utilizadas como armas con las que apuntar en una u otra dirección, y más sinceridad y comprensión entre las partes. Que es lo que se necesita.
Y antes que hablar de huelga general y otros mecanismos de presión, mejor sería que quienes ostentan la representación de la clase trabajadora retomen el camino del diálogo.

