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Deberían estar presos

Deberían estar presos

Juan Taveras Hernández

En China o Singapur muchos peledeístas no estarían presos a cadena perpetua o muertos por corrupción.

Durante los años que se mantuvieron en el poder instalaron bancas de juego en todas las esquinas, campos, parajes y montañas. Había -sigue habiendo- más bancas que escuelas, colegios, universidades, clubes deportivos y centros culturales, juntos. Crearon un país de ludópatas. Al Capone era un niño de teta ante los señores que gobernaron el país por 20 años. Trujillo era ladrón y asesino. Un psicópata diagnosticado. El Padrino un sádico sin escrúpulos defendiendo su territorio frente a otras mafias. Pero fueron superados en ambición por los dirigentes del PLD que destruyeron moralmente un país para enriquecerse sin remordimientos ni arrepentimientos. Lo convirtieron en una pocilga que ni los cerdos soportaban el vaho.

Sembraron el territorio de estaciones de combustibles para favorecerse y favorecer a sus relacionados. El gasoil y las gasolinas formaron parte de los negocios irregulares de grupos económicos, políticos y militares.

Permitieron alrededor de cien mil puntos de drogas en calles y callejones a lo largo de todo el territorio nacional. El tráfico y el microtráfico de estupefacientes era descaradamente público. Los agentes de la Dirección Nacional de Control de Drogas, de las Fuerzas Armadas y de la Policía formaban parte del lucrativo negocio. 

Nombraron en el Estado a miles de “compañeros”, esposas, amantes, amigos y familiares, sin dar un golpe de barriga, de karate o de tambora, elevando la nómina pública de manera escandalosa. Gente cobrando 10 y 15 mil dólares mensuales caminando en el parque, ejercitándose en un gimnasio o haciendo chistes en una esquina.

La corrupción se llevaba todos los años más de 200 mil millones de pesos ante la mirada fría e indiferente de las autoridades, principalmente del Ministerio Público convertido en un comité de base del partido.

Durante 20 años un escándalo de corrupción superaba y sustituía el anterior sin que en ninguno se hiciera justicia. La impunidad era la característica de los gobiernos morados.

Instituciones como Participación Ciudadana denunciaban en vano los actos de corrupción recibiendo como respuesta el silencio o la andanada de improperios de los funcionarios y de las bocinas siempre con sus armas en ristre para disparar contra la decencia y la pulcritud.

El ministerio de Relaciones Exteriores se llenó de embajadores sin embajadas, de cónsules sin consulados, muchos de los cuales no viajaron nunca, no tenían visado y en muchos casos no sacaron ni siquiera pasaporte.

Por: Juan Taveras Hernández J[email protected]

El Nacional

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