Editorial

Delincuencia y Policía

Delincuencia y Policía

La delincuencia es  tema complejo y agobiante, que  por ocupar el primer lugar en la lista de urgencias nacionales no debería ser  abordada con precipitación o superficialidad.

Son muchas las instituciones  que confluyen en   afrontar la criminalidad, consolidar el sistema de derecho y garantizar la seguridad ciudadana, de las cuales la  Policía Nacional  figura  ante la población como el ente principal responsable de salvaguardar el orden público.

El aprecio público por la Policía  aumenta o disminuye en la medida que  crecen o se restringen los crímenes y delitos, aunque muchas veces esa institución ha sido blanco de críticas injustas o  de censura que ha debido compartir con otras instancias del Estado.

La Policía está en la línea  del frente en una dilatada y desigual lucha contra  un tipo de criminalidad asociado al narcotráfico y sicariato que ha podido extender garras  por sus enormes tentáculos en dinero, armas  e influencia.

En los últimos tres años  165  policías han muerto  en cumplimiento de su deber y  otros 658 han sufrido heridas de bala, cifras tan dramáticas como las que se ofrecen sobre muertes en intercambios de disparo.

Nunca ha encontrado eco el clamor  para que  organizaciones vinculadas con la  custodia de los derechos humanos incluyan a agentes policiales muertos o heridos por delincuentes en sus catálogos de reclamos.

Mucho se habla de una innominada reforma policial, pero no  aparece un mortal que  se refiera a los recursos  que se requieren para financiar ese proceso de  transformación que debe incluir  aumento salarial, seguridad social, planes de vivienda y otras reivindicaciones para  los miembros de esa institución.

Hay que decir que la Policía es un ente auxiliar del Ministerio Público, el verdadero rector de la  persecución del delito y que  su papel de  afrontar la criminalidad está íntimamente ligado con la actuación de los jueces que se define como benigna, garantista o complaciente ante la delincuencia.

 Estado y  sociedad están compelidos a escoger entre delincuentes y policías.

El Nacional

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