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Democracia cara y mala

Democracia cara y mala

La democracia de la República Dominicana debe estar entre las más caras, injustas y malas del mundo, porque beneficia a unos pocos y perjudica a la mayoría, creando un desbalance extraordinario.

La mayoría de los ricos, empresarios, importadores, exportadores, comerciantes, etc., evaden el pago sobre la renta, reciben subsidios que superan los 400 mil millones de pesos todos los años, los políticos acaparan millones del presupuesto de la nación otorgados por la Junta Central Electoral.

No me equivoco si afirmo categóricamente que la nuestra es una democracia, si le podemos llamar democracia, a un sistema injusto, con una economía que crece todos los años, pero que no se distribuye de manera armónica.

No es casual que en el país tengamos más de 26 mil privados de libertad, más del 90% de escasos recursos económicos (pobres de solemnidad), mientras que el 64% tienen medidas de coerción (presos preventivos, muchos enfermos, sin dinero para pagar un abogado, una fianza, o los medicamentos necesarios. Las cárceles no son más que cementerios de hombres vivos. (Y mujeres también).

Seguimos luchando, como diría Cervantes, contra la injusticia, el miedo y la ignorancia, que pesan demasiado entre los pobres que creen que su situación económica es un mandato divino, que nacieron para ser pobres. Su esperanza está en la otra vida. No saben que no hay otra vida, que es necesario vivir esta vida de la mejor manera posible sin la intervención de Dios.

Nadie nace para ser pobre. Vivir y morir en medio de la pobreza es un castigo, no una bendición. Si no existieran las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional el sistema no se mantendría ni un solo día. Los organismos militares fueron creados para proteger y defender los intereses de los oligarcas, “tutumpotes” o como usted los quiera llamar.

La justicia, de igual modo, está concebida para proteger y defender los intereses de esa misma oligarquía. Militares, abogados, fiscales, periodistas y jueces, forman un sistema único, no para hacer justicia, sino para garantizar las injusticias más execrables.

El profesor Juan Bosch lo explica muy bien en su obra, el Estado, que bien puede ser considera un plagio del libro de Federico Engels, el Estado, la Sociedad Privada y el Estado, donde explica la naturaleza de clase del sistema judicial y militar de las llamadas democracias occidentales.

Mientras exista el Estado no habrá libertad, dijo Engels. El Estado tiene una naturaleza de clase, con el dominio de la violencia, (Mao dijo que el poder nace del fusil) sino de la estructura económica, judicial y comunicacional porque los medios de comunicación también responden a sus intereses.