El viernes, día último de una campaña electoral que había transcurrido sin acciones significativas de violencia, la sangre fue derramada con la muerte a balazos de dos personas en Loma de Cabrera y Sánchez, sucesos trágicos que, como el triple asesinato del viernes en La Francesa, crean inquietud en una jornada que debe caracterizarse por la sensatez ciudadana.
Esos crímenes ni algunos otros actos de provocación e intimidación deberían impedir que la población acuda masiva y ordenadamente a ejercer el voto, un derecho sagrado vinculante con el deber y la obligación ciudadana.
Las autoridades están compelidas a resguardar el orden en todos los recintos electorales a los fines de que los votantes puedan ejercer el sufragio sin ningún tipo de dificultad o temor, prerrogativa que deben garantizar también los delegados de los partidos políticos.
Resulta inaceptable y violatorio a la ley el uso o imposición de cualquier forma engañosa con la intención de torcer quebrar la voluntad del votante dentro o fuera del los lugares de votación, por lo que se requiere que Policía Electoral y directivos de los colegios electorales impidan que buscones de votos de cualquier parcela política perturben el libre ejercicio del sufragio.
Se requiere también que la ciudadanía deseche todo tipo de provocación promovido por gente fanatizada de todos los litorales, que no llegan a entender que la campaña electoral ha concluido para dar paso a un espacio de reflexión del elector ante todas de ejercer un sufragio consciente, de acuerdo a su intima convicción.
Centenares de observadores electorales nativos y extranjeros se han diseminado por todos los confines de la geografía a los fines de poder contar y certificar- Dios quiera que sí- que las elecciones serán concurridas, transparentes y pacíficas.
A partir de las seis de la mañana de hoy, la tutela de la democracia política ha quedado en manos de los directivos de más de 13 mil colegios electorales, instalados en unos tres mil recintos de votación, donde han sido convocado más de seis millones de electores para elegir senadores, diputados, alcaldes, regidores y directores municipales.
La Junta Central Electoral (JCE) ha cumplido el cronograma de organización y montaje de las elecciones; corresponde a la población cumplir con su deber de votar para que los sufragios bien contados resulten una prístina expresión de la voluntad popular.

