La Oficina Metropolitana de Servicios de Autobuses (Omsa) es hoy una entelequia que opera con sólo 200 unidades, la mayoría en condiciones deplorables que condena a miles de usuarios de ese servicio público de pasajeros a la incertidumbre de no llegar o de arribar tarde a sus centros de trabajo, de estudio o a cualquier destino.
En contraste con el puñado de guaguas públicas que aún transitan por vías de Santo Domingo y Santiago, miles de autobuses inservibles o dañados abarrotan tres cementerios habilitados por las autoridades, que sirven también como monumentos a la ineficiencia, negligencia y derroche.
Por cada autobús en servicio, por lo menos diez están varados por falta de alguna pieza o camino a convertirse en chatarras, lo que refleja los altos estándares de improvisación o abandono a que está sometido el sistema público de transporte.
La demanda diaria de centenares de miles de pasajeros sólo es atendida por 160 unidades de la Omsa que se averían en cualquier esquina o que operan sin las condiciones mínimas de seguridad, como si lo que transportan fueran animales y no ciudadanos de carne y hueso.
En 2007, la Omsa recibió 102 autobuses nuevos de 300 licitados, pero tres años después el parque de vehículos en vez de aumentar se ha reducido drásticamente, al punto de que de 600 unidades requeridas sólo operan doscientas.
Para poder operar las líneas que alimentarían la primera línea del Metro de Santo Domingo se requieren centenares de autobuses, que la Oficina Metropolitana de Transporte no está en capacidad de suplir ni siquiera mínimamente.
Puede decirse que el transporte público de pasajeros es hoy un auténtico desorden, lo que provoca que miles de pasajeros se queden varados en las paradas de autobuses o a medio camino cuando algunos de esos armatostes no dan más.
La ineficiencia de la Omsa es precariamente suplida por infernales guaguas voladoras, ante las cuales los pasajeros debe encomendarse a Dios para poder sobrevivir en sus temerosas correrías.
Que no se hable de modernidad frente al desorden mayúsculo del transporte público de pasajeros.

