El mundo político y financiero ha sido conmocionado por la noticia de que el director del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, ha sido encarcelado y procesado por agresión sexual contra una empleada de un hotel de Nueva York a la que supuestamente forzó a practicarle sexo oral e intentó despojarla de su ropa interior.
Strauss-Kahn, una de las mentes más lúcidas y brillantes de Europa, que figuraba en primer lugar en preferencia electoral para las elecciones presidenciales del próximo año en Francia, ve precipitarse tan promisoria carrera por un caso que podría acarrearle hasta 20 años de prisión.
Aunque el jefe del FMI se declaró no culpable de la acusación de agresión sexual, retención ilegal e intento de violación, la mujer de unos 32 años lo identificó en una comisaría del barrio neoyorquino Harlem, como la persona que la agredió cuando limpiaba la habitación que ocupaba en el hotel Sofitel, propiedad de una cadena francesa.
Antes de ocurrirle tan funesto percance judicial, Strauss-Kahn estaba en el pináculo de su carrera política y gerencial, al atribuírsele éxito en la política de contención de la crisis económica global aplicada por el FMI en América, Europa y Asia, lo que permitió el rápido crecimiento de economías emergentes como las de Brasil y la India, y el rescate financiero de Grecia e Irlanda.
Los sondeos políticos en Francia situaban al director del FMI con más de un cincuenta por ciento de las preferencias electorales para obtener la candidatura presidencial del Partido Socialista y para acceder al Palacio del Elíseo, en los comicios de 2012, pero tras ser bajado de un avión y procesado por una infracción criminal, Strauss- Kahn ha caído en un precipicio político.
Los fiscales de Nueva York parecen decididos a destruir la presunción de inocencia que los abogados del político francés defienden con todo vigor, al solicitar y obtener una orden judicial para revisar la ropa del acusado en procura de trazos de ADN.
Ya antes, el jefe del FMI estuvo envuelto en un escándalo por supuestas relaciones sexuales con una empleada de ese organismo, que fue trasladada al Banco de Inversión Europea, sin que se profundizaran las investigaciones, pero esta vez Strauss-Kahn enfrenta una acusación y un proceso delicado que ha deshecho su promisorio futuro político.
Líderes políticos, estadistas, ejecutivos de grandes consorcios y funcionarios de organismos multilaterales deberían verse en el dramático espejo de un hombre que estuvo en la cima del éxito y se ha derrumbado por un desenfreno carnal.

