Opinión Editorial

Despeñadero social

Despeñadero social

El informe final sobre incidencias durante Semana Santa, que arrojó 22 muertos en 203 accidentes de tránsito, otros cinco por ahogamiento y 506 intoxicados por ingesta de alcohol, debería motivar una reflexión colectiva en torno a la degradación de valores intrínsecos del gentilicio dominicano relacionados con la civilidad.

Las autoridades creyeron cumplir con el protocolo de prevención de accidentes al exhortar al comedimiento y agregar miles de efectivos policiales y militares a labores de patrullaje pero, a juzgar por las fatídicas estadísticas, no lograron inculcar moderación en una parte de la población que optó por el desenfreno.

De los 203 percances de tránsito acaecidos durante Semana Santa, 173 involucraron a motocicletas, lo que indica que ese tipo de vehículo mantiene supremacía en la cantidad de colisiones viales, que esta vez sumaron 22 muertos y 276 personas afectadas.

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Hay razones para llevarse las manos a la cabeza ante  el escalofriante dato de 506 intoxicados por alcohol, incluidos al menos 28 menores entre 14 a 17 años, sin que se sepa si las autoridades sometieron a la justicia a los mayores que colocaron en riesgo las vidas de decenas de niños y adolescentes.

El número de decesos y heridos  pudo ser mucho mayor,  sin la ocurrencia de intensos aguaceros en gran parte del territorio nacional lo que impidió mayores movilizaciones de vacacionistas hacia zonas de playas y ríos, pero se subraya que 91 accidentes ocurrieron en autopistas y carreteras.

Llama la atención  que de los 22 fallecidos en accidentes de tránsito, 18 correspondieron a motociclistas o acompañantes, algunos de los cuales perdieron la vida mientras calibraban esos vehículos o competían en arriesgadas competencias de velocidad ante la ausencia de agentes de la Digessett.

El Ministerio de Interior prohibió fiestas en las playas  y “teteos” en los barrios populares, pero no pudo impedir estruendosas celebraciones de “ga-ga” convocadas por  ciudadanos haitianos, como tampoco pudo evitar que de nuevo la comunidad turística Las Terrenas se convirtiera en una discoteca.

Como colofón, después de tan extendida parranda, la mayoría  de padres y tutores no enviaron a sus hijos a las escuelas y los colegios privados se tomaron el día libre. Así no se puede, porque por el camino de menos educación y más libertinaje solo se llega al despeñadero social.

El Nacional

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