A margen de las cifras anuales de violencia doméstica, feminicidios, acoso sexual, matrimonios infantiles, embarazos adolescentes, trato desigual en el trabajo y desigualdad en la distribución de las tareas domésticas, nuestro flamante presidente de la Academia de la Lengua, Dr. Bruno Rosario Candelier, se ha pronunciado contra la Orden Departamental #33-2019, sobre la educación de género en la escuela, por “el daño que va a producir en la mentalidad de nuestros educandos y en la familia dominicana”.
Para hacerlo, ignora las normativas de la propia institución que le rige: La Real Academia Española, la cual en un ensayo sobre el sexismo lingüístico ha concluido que “el criterio para decidir si existe o no sexismo en el lenguaje será la conciencia social de las mujeres, o simplemente de los individuos contrarios a la discriminación”, una posición acorde con lo ya establecido por:
La Resolución 14.4 de la Conferencia General de la UNESCO (1987).
Resolución 109 General de la UNESCO (1989).
Resolución aprobada por el Comité de Ministros del Consejo de Europa (21 de febrero de 1990).
Orden 22-31995, Ministerio de Educación y Ciencias de España, y múltiples otras resoluciones en Murcia, Valencia y muchas otras regiones y provincias de España.
Cuando un intelectual reacciona por instinto generalmente se equivoca, porque la primera premisa de un intelectual es investigar para tener derecho a hablar.
Las mujeres dominicanas llevamos un mínimo de treinta años hablando, escribiendo, formando en lo que se llama GENERO, genero como un método de análisis que nos permite identificar como se conforman las identidades femeninas y masculinas a partir de una diferencia física, la biológica, y cuáles son los llamados agentes de socialización, a saber: la familia, la iglesia, la escuela, la lengua, la cultura en general, entre mucho otros.
El género no es pues una ideología, como no lo es ninguna de las corrientes sociológicas que intente explicarnos sus puntos de vista desde su particular perspectiva.
No podemos hablar de una ideología de Piaget, o de Dewey, ni siquiera Marxista, porque los planteamientos de Marx son resultado de su método de analizar el origen de nuestras sociedades y la creación de sus sistemas de clases. De ahí que sea la propia izquierda la que se equivoca cuando se apertrecha en Marx, a partir de un fundamentalismo “marxista” que provocaría que Marx se revuelque en su tumba.
Hablar de una ideología de “doble genero” es un, perdón Bruno, solemne disparate.
Felicitamos al Ministerio de Educación por esta medida cuyo único objetivo es que los niños y las niñas entiendan que la diferencia biológica entre ellos no es razón para la desigualdad, como no lo es la piel, o la clase, y la fraternidad.

