El presidente Leonel Fernández ha hecho una dramática y muy verídica descripción de la presencia y alcance del narcotráfico en República Dominicana, de su penetración en todo el tejido social amparado en su poder económico que alienta la corrupción en instituciones del Estado para proveerlo de protección e impunidad.
Tal ha sido el cuadro dibujado por el mandatario, pero su estimación de que existe un 90 por ciento de impunidad en los casos de drogas y del crimen transnacional organizado resultaría moderada, aunque se acerca a la realidad su criterio de que el auge de ese flagelo se torna irresistible e inaguantable para el país.
Posiblemente, ningún otro jefe de Estado de América Latina, incluido los de México y Colombia, haya abordado de manera tan cruenta y sincera el auge del narcotráfico y crímenes conexos ni su admisión de que ese mal ha penetrado en instituciones estatales a cargo de su persecución, sometimiento y castigo penal.
El presidente ha dicho que fruto de su poder económico esas organizaciones mafiosas penetran en la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD), en la Policía y en el sistema judicial, por lo que permite que narcotraficantes y lavadores de dinero reciban protección e impunidad y puedan integrarse a la sociedad sin que el Estado ofrezca una respuesta efectiva.
La reflexión del mandatario ofrecida en el marco de la Conferencia sobre Estrategia de Seguridad para Centroamérica y República Dominicana, que es celebrada en la Cancillería, debería estremecer todos los cimientos de una sociedad aguijoneada por flagelo que corroe como cáncer órganos vitales relacionados con la institucionalidad y seguridad nacional.
El presidente Fernández ha señalado con sobrada razón que la asistencia financiera que Estados Unidos brinda para la lucha contra el narcotráfico es insuficiente, de apenas cinco millones de dólares, por lo que es válido el reclamo de que esa nación, que representa el primer mercado mundial consumidor de sustancias controladas, preste mayor colaboración a las autoridades nacionales que combaten el narco como David frente a Goliat.
Para que se tenga una idea de la magnitud de ese monstruo de siete cabezas, se resalta el dato ofrecido por el Presidente de que el narcotráfico y los crímenes conexos movilizan 400 mil millones de dólares, cifra superior al Producto Interno Bruto de 125 países.
Sin tiempo para criticas o reprimendas por lo tarde que el Presidente ha dicho lo que debía decir hace tiempo, se requiere que las palabras del mandatario sean recogidas por toda la sociedad como candelabro de unidad nacional en la irrenunciable tarea de combatir por todos los medios posibles el narcotráfico, crimen de lesa humanidad que constituye hoy la más destructiva plaga del mundo de hoy.

