Editorial: Barril sin fondo

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El sector eléctrico, pero sobre todo las empresas distribuidoras, las famosas Edes, no se han caracterizado por la eficiencia ni claridad. La deficiencia y la oscuridad han marcado la gestión de las firmas que estos días han vuelto a la palestra tanto a raíz de los nuevos préstamos que se han contratado como de los crecientes gastos administrativos en medio de la crisis financiera que arrastran desde hace tiempo.

Las comercializadoras, que se citan como uno de los obstáculos para que no se suscribiera el pacto eléctrico que consagra la Estrategia Nacional de Desarrollo, se han convertido en un barril sin fondo. A finales de 2018 se acordó un préstamo de 200 millones de dólares para un programa de reformas y sostenibilidad, pero hace apenas unas semanas volvió a hablarse de otro empréstito, esta vez por 400 millones de dólares con el mismo propósito. Ahora se ha presentado otro proyecto por 75 millones.

Para colmo ha salido a relucir que en tanto las pérdidas se mantienen todavía alrededor de un 27,3% en promedio en los últimos dos años la nómina se ha incrementado en alrededor de un 20% en las tres distribuidoras (Edenorte, Edesur y Edeeste), en tanto los sueldos de los administradores, no designados por sus méritos profesionales, sino por razones políticas, rondan entre los 575 mil y los 695 mil pesos mensuales.

Para agravar más los gastos operativos de las distribuidoras cada una de las empresas cuenta con un consejo de administración, que en la práctica, para colmo, no desempeña ninguna labor. En la discusión del pacto eléctrico el sector oficial se mostró renuente a que las entidades se fusionaran y que los directivos sean designados por concurso público a fin de disminuir la influencia política en las operaciones de las comercializadoras.

El caso es que mientras se piense en préstamos y subsidios para solventarlas se seguirá en las mismas, sin ningún interés en hacerlas más eficientes. Ni siquiera la entrada de las plantas de carbón de Punta Catalina augura mucha esperanza en la reducción de los costos operativos ni de las pérdidas que tanto golpean al erario.

Antes que claridad, la oscuridad planea sobre las distribuidoras y el propio sector eléctrico por los muchos obstáculos que lejos de removerse se han incrementado. Hay muchos factores que inciden en la problemática, pero la realidad es que en tanto no se elimine la politiquería el pueblo seguirá pagando las deficiencias que han caracterizado a las célebres Edes.