Editorial: Histórica jornada cívica

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Desde temprano, cientos de miles de dominicanos acuden a las mesas electorales para ejercer uno de los derechos civiles y políticos más apreciados por el género humano, pero también de los más irrespetados por quienes en todo el mundo temen a la democracia como demonios a la cruz.

Para entender la importancia de esa prerrogativa ciudadana se requiere que la sociedad observe lo que en términos institucionales ocurre en América Latina, donde la mayoría de las naciones bregan con sistemas políticos defectuosos o degradados por excesiva inoculación de intolerancia, represión o exclusión política.

El ejemplo más palpable lo representa el drama político, económico y social que abate a Haití, fallido Estado en cuya última elección presidencial apenas sufragó el 18% de la población para escoger a un presidente con el 9% de los votos.

El derecho a elegir y ser elegido ha estado en crisis desde el sur del Río Bravo hasta la Patagonia, con recurrentes denuncias de fraudes, al sufragio o ilegitimidad del Poder, lo que inflige daño a veces letales a la democracia, gobernanza y a la economía.

Los dominicanos poseen hoy el bien ganado derecho de a acudir a las urnas para elegir los candidatos que deberán presentar los dos principales partidos del sistema político a las elecciones congresuales y municipales de febrero y a las presidenciales de mayo del año 2020.

No ejercer ese deber cívico menoscaba los cimientos del edificio que sostiene valores esenciales de la democracia o de la convivencia política y social, por lo que votar hoy surte el efecto de una vacuna preventiva para evitar contagios de enfermedades relacionadas con la violación a derechos inalienables.

La Junta Central Electoral (JCE), en su rol de árbitro comicial, tiene la ineludible obligación de ejercer custodia y ser garante del libre ejercicio ciudadano a sufragar, en primarias abiertas o cerradas, por los candidatos de su preferencia.

Gobierno y liderazgo político están compelidos a promover democracia, libre participación y, sobre todo, a respetar los resultados de los comicios que se celebran en esta histórica fecha. ¡Dios bendiga a la República Dominicana!