Editorial: Petróleo y miseria

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La atención del mundo se dirige hacia la crisis política que abate a Venezuela, nación asentada sobre la mayor reserva de petróleo del mundo, en tanto que un amplio manto de indiferencia mundial oculta el drama social que subyuga a Haití.

Estados Unidos, Unión Europea y gran parte de América han nombrado o un “encargado de gobierno” y activado el reloj regresivo para el desalojo de Miraflores del presidente Nicolás Maduro, a quien le ofrecen que elija entre cálida playa o la prisión estadounidense de Guantánamo.

No se conoce ninguna expresión de preocupación de Washington, Moscú, Beijing, Grupo de Lima o Bruselas por la nueva oleada de manifestaciones en Puerto Príncipe contra el presidente Jovenel Moïse, que ha sumido en el caos a la patria de Toussaint Louverture.

Grandes metrópolis han decretado un estado de hambruna en Venezuela, que atribuyen al régimen de Maduro, razón por la cual manifiestan su proverbial generosidad al enviar un lote de alimentos y medicinas a su designado presidente quien ha amenazado con solicitar una intervención militar de Estados Unidos.

En Haití, el 80% de sus más de diez millones de habitantes vive en estado de pobreza extrema que literalmente mueren de hambre o sufren malnutrición, pero para esa gente no se activa ningún aparatoso mecanismo de urgencia alimentaria.

A los venezolanos se les despoja de su derecho a escoger de manera libre al presidente que deseen, por lo que hoy poseen un mandatario que no se quiere ir y otro que no ha sido invitado, ambos respaldados por potencias que perciben desde lejos el olor a petróleo.

Los haitianos eligieron hace dos años a un presidente, al que ahora acusan de incapacidad en la administración de la miseria y de no poder controlar la corrupción que devoró la solidaridad de Venezuela a través de los fondos Petrocaribe, pero la prevaricación en Haití no causa indignación en ninguna parte.

Aunque es bueno poseer riquezas, en el caso de Venezuela, lo mejor sería que su pretendido petróleo se hundiera aún más, como aconsejó el poeta, única manera de alejar del Orinoco a tantas fieras.

La desgracia de Haití se debe a que en sus tierras ni en sus mares se ha detectado oro negro o cualquier otro recurso apetecido por los nuevos conquistadores de la Aldea Global.