Educación sexual



La Pastoral de Vida de la Iglesia Católica, a través de dos obispos, presentó un programa de educación sexual, enfatizando que “no se trata de un programa religioso sino antropológico basado en el estudio del conocimiento del cuerpo humano, que no toca el concepto de Dios, sino más bien, basado en la construcción de una afectividad sana y constructiva, acorde a la edad de los estudiantes”.

La propuesta enfrenta lo que entienden la controversial política de género, referida en la orden departamental 33-19 emitida por el Ministerio del 22 de mayo pasado, una resolución que fue descontextualizada por sectores conservadores de las iglesias y de la sociedad, mismos que, firmaron el Pacto Nacional para la Reforma Educativa 2014-2030, que la contiene.

La educación ideal en democracia debe ser a partir de un sistema educativo que no tenga elementos religiosos, dirigida al conjunto de la sociedad y respetando las creencias, es decir laica o al menos aconfesional. Además, queda la duda de si la Iglesia Católica, como institución, está capacitada para educar en sexualidad a niños y niñas, ya que ella aún no ha resuelto el fenómeno de la pederastia clerical de parte de sacerdotes a miles y miles de niños y niñas en el mundo, llegando a convertirse en su pesadilla más grande, capaz de hacer renunciar a un papa.

En nuestro país, se conocen casos dolorosos, la mayoría sin resolver, con secuelas inimaginables en las victimas, niños, niñas y adolescentes, a quienes la Iglesia, ha preferido ignorar para la impunidad.
Uno de los casos más espantosos fue el sucedido en el Hogar Infantil Católico Francisco Javier, de San Rafael del Yuma, Higüey, cuando en 2005, un grupo de sacerdotes y personas empleadas, fueron acusados por ocho niñas y un niño de violación sexual, sadomasoquismo y hasta sacrificios humanos, crímenes cometidos desde 2002.

Los detalles horribles están en los interrogatorios y la reseña periodística de la época, que también relata el fuego acontecido en la cárcel de Higuey, donde murieron al menos 133 presos, entre los cuales había dos de los imputados por el caso. Sin ningún sacerdote procesado, hubo cambio de obispo y todo se quedó en la impunidad.

Hubo muchos más delitos de pederastía clerical católica en el país, suficientes para cuestionar la calidad moral que tiene toda la iglesia para crear una política de educación sexual.

En otros países la I. Católica es mucho más recogida, obligada por sistemas penales con consecuencias a pagar sumas cuantiosas de dinero. ¡Aquí, se priva en loco!