Como se temía, el planeta ha comenzado a sufrir más temprano que tarde los efectos de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán para deponer al Gobierno islámico.
En medio de las tensiones generadas por los ataques militares, el petróleo alcanzó los 120 dólares el barril, aunque rápidamente se desplomó a alrededor de 84 dólares tras el presidente Donald Trump afirmar que la guerra estaba prácticamente terminada.
Sin embargo, enviaron otro mensaje al imponer a un hijo de Alí Jamenei como líder supremo.
Para ensombrecer más el panorama las bolsas también se desplomaron, aunque al final del día se recuperaron.
Se prevé que por la incertidumbre se disparen los fletes marítimos y las cadenas de suministro.
Los daños a las instalaciones petroleras de Irán causados por los bombardeos han incidido en la tendencia alcista del hidrocarburo y sus derivados.
El panorama se tornaría más sombrío de interrumpirse la navegación por el estrecho de Ormuz, la principal ruta comercial entre oriente y occidente.
Para amortiguar la crisis petrolera que ha comenzado a sentirse, los países del G7 contemplan usar sus reservas, mientras que la OPEP anunció un incremento de la producción para forzar una reducción de precio.
Las muertes, los daños materiales y el temor a una escalada en la región han levantado muchas voces contra la guerra.
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El papa León XIV y otros líderes han llamado a silenciar las armas para explorar una salida diplomática a un conflicto cuyos efectos ya comienzan a sufrirse por todos los rincones del planeta.

