En medio de las presiones de Estados Unidos contra Cuba se pensó que elevaría las tensiones el caso de los cuatro tripulantes de una embarcación matriculada en Florida abatidos por el gobierno de La Habana.
Al guardar silencio sobre el suceso después de anunciar una investigación, tal parece que Washington comprobó la versión de las autoridades de Cuba en torno al incidente.
Al penetrar a aguas territoriales los tripulantes de la embarcación, en lugar de detenerse e identificarse, abrieron fuego contra una nave cubana que los interceptó.
La Habana los denunció como cubanos residentes en Estados Unidos que pretendían infiltrarse en el territorio para alterar el orden y calificó a las víctimas de terroristas.
Washington, que ha bloqueado la venta de petróleo a Cuba, se abstuvo de calificar el incidente, pero dijo que efectuaría una investigación.
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A más de una semana del incidente ocurrido a fines de febrero, parece que el Gobierno estadounidense se convenció de que las autoridades cubanas habían actuado en legítima defensa. Y optaron por echar agua al vino en lugar de utilizar el incidente como pretexto para incrementar las presiones.

