Opinión Articulistas

El escritorio presidencial

El escritorio presidencial

El mueble básico, funcional de todo despacho presidencial es el escritorio. Sobre él, documentos, libros, fotos familiares, abridores de sobres, pisapapeles, bolígrafos, lápices… todas estas herramientas para despachar los asuntos de Estado.

Para el caso de República Dominicana, ese mueble permanece vacío, sin ofrecernos una foto oficial del presidente Abinader despachando, en medio de un profundo silencio, de la soledad. Y es que el Presidente ha decidido gobernarnos en forma coloquial y ubicua, pues está por todos lados, e incluso por el exterior.

Pareciere que este ejercicio le asienta frescura, espontaneidad única, y exhibir su trabajo constante todo el tiempo.

Despliega visibilidad presencial, así trabaja, pasea, ofrece, escucha, y hasta siesta al aire libre con permiso del tiempo… Imagino que también se firman documentos importantes, contratos, se titulan bienes públicos a familias, inauguración de obras públicas y privadas. Es decir, increíblemente accesible, con una relación directa con el público, gente sencilla y social y económicamente importante, sin intermediarios.

Sin embargo, pienso que los asuntos de Estado que requieren del buen juicio de razón y de palabra, pues los problemas van planteando nuevos desafíos no siempre fáciles de resolver, se asumen en el despacho, morada esta donde se practica todo ese juego de equilibrio emocional para dirigir la nación; pensar las grandes soluciones a sus problemas, pero también hacer sentir el poder, que en el estilo coloquial sufre cierto relajamiento, y no porque tenga que estar al servicio de la opresión, no para dominar, sino garantizar la democracia más liberal. Ahí se piensa cómo esquivar los desvíos, las fechorías y la mala fe de la política más astuta. En la calle no hay soluciones imaginativas, sólo derramamiento de gasto público y promesas, es decir, evacuar demagogia.

En el despacho se forja el “Hombre de Estado” para enfrentar lo que concierne a la representación colectiva, a la reflexión sobre la conducta humana para, al mejor estilo maquiavélico, saber lo que es verdaderamente dicho y si lo verdaderamente dicho es verdadero o no.