Editorial

El mensaje

El mensaje

La huelga general convocada por organizaciones sindicales, comunitarias y profesionales paralizó ayer la mayoría de las actividades productivas y aunque transcurrió en relativo orden, tuvo saldo de un muerto y nueve heridos en enfrentamientos entre manifestantes y policías.

Sin reparar en la pertinencia o no de ese llamado a paro, el amplio respaldo que concitó se convierte hoy en contundente mensaje de inconformidad que la población envía al Gobierno por la agobiante situación económica matizada por alzas incontrolables de precios y escasez de circulante.

Esa huelga pudo evitarse si las autoridades  hubiesen colocado oídos en el corazón de la sociedad, lo que tendrán que hacer ahora compelidas por un generalizado desaliento.

Se condena con toda vehemencia las acciones de violencia o tropelías perpetradas por gente desaforada en algunos barrios del Gran Santo Domingo y municipios de provincia que produjeron la muerte de un joven en Villa Faro y  heridos en Santiago y Barahona, aunque tales despropósitos causantes de esa tragedia no desvirtuaron el carácter cívico que matizó ese evento.

El Gobierno está compelido a revisar políticas públicas que han tenido el efecto de tornado sobre la economía popular y los sectores productivos, así como enfatizar en la calidad del gasto público, que en término de prioridad debería procurar multiplicar los panes en vez de degradar la calidad de vida.

Sin la debida atención oficial, esa huelga se quedaría en una jornada improductiva que sólo ha provocado pérdidas millonarias y mayor desaliento en una población carente de esperanza y harta de frustraciones, por lo que la herida social se infectaría aún más con polvo de indiferencia.

Los organizadores o mentores de ese paro no deberían asumir el éxito alcanzado como licencia para repetir ese modo o método de protesta que debe estar reservado sólo como un ejercicio de derecho colectivo al que se acude cuando se cierran todas las puertas de diálogo o concertación.

Ojalá que el mensaje contenido en ese paro nacional llegue hasta la misma oficina presidencial y que todo el Gobierno entienda el contenido de ese agobiante recado, que no es otro que el generalizado reclamo de que se produzca cuanto antes un cambio de rumbo.

El Nacional

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