Editorial

El ojo ajeno

El ojo ajeno

Estados Unidos insiste en  erigirse  en censor del mundo  sin permitir que se ausculte su propia viga, al pretender juzgar, pero rehúsa someterse al fuero de cortes internacionales penales y de derechos humanos.

Es así como el Departamento de Estado evacua otro de sus informes sobre  lucha contra  el tráfico de drogas en el hemisferio, sin que  en ese escrito   se aluda a progreso o atraso en  programas estadounidenses contra  lavado de dinero y consumo de estupefacientes.

Aunque Washington valoró lo que define como “evidentes” mejoras en la aplicación de la ley contra el tráfico de  drogas en República Dominicana, ha advertido que el flagelo prevalece a causa  de la “corrupción endémica” y grupos de interés del sector privado.

En ese informe se pretende redescubrir la isla Hispaniola,  al afirmar que    es aún un centro importante  de tráfico de drogas, desde Suramérica a Estados Unidos y Europa, sin admitir que esa condición prevalecerá mientras exista en territorio continental un mega mercado del consumo de cocaína.

Las toneladas de drogas que  cada año  tocan territorio dominicano o haitiano  se venden  y se consumen como pan caliente en Estados Unidos, sin que a la comunidad internacional se le rinda ningún informe  sobre las  acciones que  el gobierno de esa nación  acomete para atacar el mal por el lado del consumo.

El  sesgado  escrito coincide con la visita  del superintendente de Policía de Puerto Rico, José Figueroa Sánchez, quien proclamó la pronta detención del fugitivo José David Figueroa Agosto,  supuesto narco que  hace diez años escapó de una cárcel  de Borinquen, sin haber sido nunca localizado por la Agencia Antidroga de Estados Unidos (DEA).

El Departamento de Estado denuncia   el arribo a Santo Domingo de toneladas de drogas, pero jamás despeja  interrogantes de cómo esas cargas  penetran a territorio de Estados Unidos.

Ese informe tampoco refiere casos de bancos y empresas estadounidenses involucrados en blanqueo de dinero, por lo  que de nuevo se insiste en que  la viga propia es mayor que la ajena.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación