Editorial

El problema

El problema

Como innecesaria e impertinente se puede definir la polémica que sustentan  el ministro de Salud Pública y el presidente de la Asociación de Administradoras de Riesgos de Salud, porque los juicios  emitidos por los contrincantes  son irrelevantes y en nada contribuyen a mejorar las graves deficiencias del sistema de seguridad social.

El ministro Bautista Rojas Gómez sostiene que las ARS son intermediarias  que no deberían existir, porque  encarecen el sistema en desmedro de los afiliados, en tanto que el titular de la asociación que agrupa a esas empresas, José Manuel Vargas, emplaza al funcionario a  dedicarse a bajar los altos índices de mortalidad materna e infantil.

En nada contribuye a mejorar la compleja estructura de la seguridad social que el ministro de Salud proclame que  a las Administradoras de Riesgos de Salud sólo les interesa  el dinero, o que  ejecutivos de esas entidades  denuncien que  ese Ministerio tiene una alta nómina de empleados.

Lo que sí interesa saber  es  cuáles  serían las vías de solución a problemas puntales, como el hecho de que  diez mil pensionados del  Seguro Nacional de Salud han agotado el presupuesto  del plan individual de esa aseguradora estatal y, por consiguiente, quedan fuera del sistema.

Salud Pública y las ARS deberían procurar también que  79 mil padres y madres de afiliados a la seguridad social no sean  excluidos, toda vez que las compañías intermediarias  alegan que tienen una alta carga  de enfermedades crónicas que atenta contra el equilibrio financiero del sistema.

Se sabe que el Senasa cubre una gama mayor de servicios  a favor de sus afiliados porque  distribuye entre  ellos las ganancias que genera, pero las ARS privadas denuncian que esa aseguradora no se acoge al  catálogo aprobado, a lo que atribuyen   que se haya agotado el presupuesto  del Plan Individual de Salud que cubría a 10 mil 500 pensionados.

Las aseguradoras privadas apuestan por el “equilibrio financiero”, como forma de afrontar los males medulares del sistema de seguridad social, en tanto que  el Senasa cree en la necesidad de cubrir  servicios por encima  del limitado catálogo médico hospitalario vigente. He ahí el problema.

A lo que se aspira es a que  se adopten fórmulas que eviten la descapitalización de las empresas  administradoras de riesgos o prestadoras de servicios de salud, pero también que  la seguridad social se convierta en derecho universal en vez de retroceder con la exclusión de los pensionados del Senasa o con las dificultades que tendrían casi 80 mi padres y madres de afiliados. Los insultos sobran.

El Nacional

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