Editorial

El secuestro de Diana

El secuestro de Diana

Esta es la hora y el día en que ninguna autoridad oficial ni institución de las que velan por la libertad de expresión, se han referido a la indignante censura  impuesta en República Dominicana a la  venta y divulgación de la novela  Memorias de una dama, por algún poder tan omnímodo que  hasta la  firma que editó la obra ha sido obligada a callar.

Esa novela (Alfaguara 2009), escrita por  el autor peruano Santiago Roncagliolo, es una combinación de ficción y realidad  que recrea tiempos de las dictaduras de Rafael Leonidas Trujillo y Fulgencio Batista.

Narra la historia de Diana  Minetti,  anciana millonaria y decadente que  contrata a un joven y ambicioso escritor para que  redacte sus memorias que deviene  en revelaciones  sobre los más  sórdidos episodios del devenir político dominicano y de otras naciones del área.

Las Secretarías de Cultura y Educación, sociedades de bibliófilos, universidades, bibliotecas públicas, asociaciones o peñas de escritores, gremios de periodistas ni ninguna  entidad no gubernamental han  defendido el derecho constitucional a tener acceso a esa novela, sin importar su contenido.

Diana Minetti y otros ocho personajes de esa novela se convierten en presos de  conciencia de quienes  los han secuestrado o les impiden contar aquí sus historias de alucinaciones o de crudas realidades acaecidas  durante décadas.

Reclamar que Memorias de una dama circule libremente  en el territorio nacional debería ser una cuestión de principio  para todo aquel que sepa aquilatar  el valor y significación  del derecho a expresarse libremente, más aún porque cualquiera  podría sufrir  la mordaza impuesta hoy a Diana Minetti.

 La editora  Alfaguara  coloca su prestigio en entredicho  al aceptar en silencio  que  se impida la divulgación de una  obra de su catálogo.

Ante tal violación a la Constitución de la República, se  reclama que el presidente Leonel Fernández ordene y garantice la libre  circulación del libro   Memorias de una dama. ¿O es muy poca cosa?

El Nacional

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