Desde 1889, cuando el gobierno de Buenaventura Báez concertó con la casa inglesa Harmon un préstamo por 420 mil libras esterlinas, del cual el acreedor cobró cien mil libras por pago de comisiones y como garantía de pagos control sobre los ingresos aduanales, bosques, mina de carbón y hasta los excrementos de murciélagos, el endeudamiento externo ha sido fuente de muchas desgracias nacionales.
El presidente Ulises Heureaux (1987-1999) llegó más lejos aún al contratar dos créditos con la compañía holandesa Westerdonrp, por un total de un millón 670 mil libras esterlinas a un interés del seis por ciento anual y a plazos de 30 y 50 años, para lo cual traspasó a ese acreedor el control de las aduanas y el 30 por ciento de todo lo ingresado.
Como se sabe, una empresa de Nueva Jersey adquirió la propiedad de la Westerdonrp, por lo que la administración aduanal pasó a manos estadounidenses, lo que motivó en 1916 la primera ocupación militar de Estados Unidos que se prolongó hasta 1924, pero el tutelaje financiero terminó 21 años después.
Un irresponsable manejo de la deuda externa ha sido la causa esencial de la pérdida de la soberanía, de sucesivas crisis políticas y sociales, del advenimiento de dictaduras o regímenes corruptos y de intervenciones o tutelajes de la economía dominicana por parte de organismos internacionales e incluso del Tesoro de Estados Unidos.
Es por eso que el Gobierno debería explicar con mayor claridad los alcances de su política de endeudamiento externo, que se ha convertido en motivo de preocupación para el sector productivo y clase política, al señalar que el elevado monto de la deuda externa pondría en peligro la estabilidad macroeconómica.
El Ministerio de Hacienda ha situado el valor de la deuda externa en unos nueve mil 600 millones de dólares, con lo que sumado a la deuda interna, el monto de la deuda pública global alcanzaría los 13 mil 300 millones de dólares, equivalentes a un 30 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).
Oposición política y economistas independientes sitúan el nivel de endeudamiento en más de 20 mil millones de pesos, que equivaldría a más del 40 por ciento del PIB, lo que genera ansiedad en los agentes económicos y en la población, sin que tampoco se ofrezca garantía de que la deuda contratada y ejecutada se corresponde con estándares de calidad en relación a su manejo e inversión.
Parece llegado el momento de que el Gobierno ilustre a la nación sobre el monto real de la deuda pública, incluidos los bonos de tesorería que se emiten para recoger el déficit operativo del Banco Central, los bonos que se han colocado en el exterior y los financiamientos presupuestales con crédito interno, entre otras formas de endeudamiento. Hay derecho a saber si es verdad que la economía se ahoga en deuda.

