Se define como muy grave el cuadro de emergencia sanitaria declarado en por lo menos 20 barrios populares del norte y noreste de Santo Domingo, donde más de 20 personas fueron ingresadas en hospitales por contagio de cólera y decenas tratadas con posibles síntomas de la epidemia.
El Ministerio de Salud Pública colocó en máxima alerta al sector La Ciénaga, donde se verifican la mayoría de los casos comprobados de cólera, que podría extenderse a otros asentamientos ubicados en las márgenes de los ríos Ozama e Isabela, caudales que por su elevada contaminación se consideran propagadores de la enfermedad.
Decenas de pacientes con cuadros de diarrea y vómito congestionan las emergencias de los hospitales Luis Eduardo Aybar y Francisco Moscoso Puello, con reportes de 24 internamientos al confirmarse contagio de cólera.
Desde noviembre de 2010 cuando se registró el primer caso de cólera en República Dominicana, no se había presentado una situación sanitaria de tanta gravedad como la que afecta hoy a una amplia franja poblacional del Distrito Nacional, por lo que se pide que las autoridades apliquen programas de abordaje y prevención tan amplio y extendido como requieran las circunstancias.
La situación resulta más grave aun por la imposibilidad de sanear en el corto plazo al río Ozama y su afluente Isabela convertidos en retretes y basureros y, por consiguiente, en focos de contaminación permanentes que impactan directamente sobre decenas de barrios y subsectores en el Gran Santo Domingo.
Es imperativo que la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (CAASD), Obras Públicas, Ayuntamientos, Plan Social, Ministerio de Educación y otras entidades oficiales colaboren con Salud Pública en la inmediata ejecución de un plan global de limpieza de cañadas, recogida de basura y desechos sólidos, entre otras iniciativas de higiene colectiva.
Se precisa también de un intenso programa educativo directo en esas barriadas y a través de los medios de comunicación que cree conciencia ciudadana sobre la necesidad de consumir agua clorada o hervida, de no bañarse ni pescar en los ríos contaminados, abstenerse de consumir alimentos crudos y no dejar de lavarse las manos con agua limpia y jabón.
Ante un cuadro epidemiológico de tanto peligro y gravedad, las pugnas por protagonismo entre autoridades de Salud y del Colegio Médico constituyen una insensatez que perjudica a la ciudadanía tanto como la expansión del cólera, por lo que se reclama confluencia de conciencia y voluntades en los esfuerzos por contener la epidemia. Un problema tan serio nunca debe asumirse como juego de muchachos.

