Editorial

En la sábana

En la sábana

Más que criticar  al Gobierno  por  construir casas o apartamentos, la Asociación de Constructores y Promotores de Viviendas (Acoprovi) debería insistir en la necesidad de que  el Estado diseñe y  aplique junto al sector privado una estrategia a largo plazo para  conjurar el déficit de viviendas estimado en más de 700 mil soluciones habitacionales.

Son muchas las obras de infraestructura que el Gobierno debería traspasar a contratistas privados, incluidos escuelas, carreteras, caminos vecinales, canales de riego e instalaciones deportivas, pero que son levantadas por agencias oficiales, lo que seguramente infla los costos, pero eso no disminuye el valor o la utilidad de la mayoría de esas construcciones.

Lo ideal sería que el Estado fuera, como requiere el presidente de Acoprovi, Fermín Acosta, “un facilitador” que promueva políticas públicas que incentiven  al sector privado  a construir viviendas económicas, aunque también los promotores de inmuebles  deberían aportar algún sacrificio para que esos incentivos se reflejen   en los precios.

Tal parece que Acoprovi no objeta la construcción de  casas y torres con fondos públicos, sino que tales recursos sean  puestos  al amparo del sector privado en la seguridad de que  disminuirían  costos y precios, pero en adición a ese reclamo, la sociedad toda exige transparencia en todos los negocios  en el que se involucre dinero público e iniciativa privada.

Durante los gobiernos del presidente Joaquín Balaguer  se construyeron miles de viviendas al amparo del Instituto Nacional de la Vivienda (Invi) y la Dirección  de Bienes Nacionales, entidades que sustituyeron a un sector privado todavía en cierne en  ese sector, pero muy activo en la  alianza con el Estado en megaproyectos relacionados con presas, canales de riego y carreteras.

El Gobierno está en la obligación de  promover con el sector privado o por sí mismo la construcción de unidades habitacionales para familias de menores ingresos y para  la clase media, especialmente a través de  incentivos fiscales o bonos hipotecarios, porque  poseer un techo es un derecho constitucional que el Estado debe  garantizar.

Numerosos proyectos habitacionales que cuentan con  el incentivo de bonos  o aporte de tierra por parte del Gobierno, no han sido  concluidos por desavenencias entre promotores e instituciones oficiales u obstáculos burocráticos, lo que refleja la necesidad de aplicar  leyes y mecanismos que garanticen  una más efectiva unidad de propósito entre Estado e iniciativa privada.

Leyes como la referida al uso de recursos de los fondos de pensiones para construir viviendas a bajo costo requieren de  mayor  comprensión y transparencia, por lo que las diligencias de Acoprovis deberían estar centradas en  consolidar  ese tipo de alianza y  disminuir sus celos cuando desde los litorales oficiales  se levantan  casas o torres, porque la enfermedad no está en la sábana.

El Nacional

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