Entre el cielo y tierra



En la isla del sol
Isla del Sol, Copacabana. Si las pequeñas y empedradas calles de la isla del sol estuvieran iluminadas por la electricidad, este lugar perdiera para mi un poco del maravilloso encanto que posee.

Igual, si no fuera preciso subir su antigua y empinada escalinata, no se lograra plenamente el placer, de apreciar la maravillosa vista hacia el Lago Titicaca y la cordillera de Los Andes.

La Isla del sol es la más grande de todas las islas de este enorme lago, que muchos llaman el lago sagrado, por los santuarios que construyeron aquí los incas y por una serie de leyendas que en torno al lugar se tejen.

Para mi es mágico el lugar, independientemente de sus leyendas; Se ven interesantes escenas muy emblemáticas de Bolivia y Los Andes. Las niñas y mujeres casi todas visten de polleras y la población habla aymara y quechua.

Impresionante la paz y libertad que se siente estando allí, caminando sin miedo, sin contaminación, sin ruidos.
Poder contemplar la inmensidad del lago más alto del mundo desde todos lados. Desde algunos lugares es posible ver la parte peruana del lago e incluso se ven las luces de alguna población peruana.

La Isla del Sol es un lugar ideal para desconectarse, para meditar, encontrarse con uno mismo y disfrutar de la naturaleza sin grandes afanes.

Yo me aventuré a caminar sola por diferentes partes de la isla y fue maravillosa la sensación que sentí, al ver los atardeceres desde diferentes miradores y encontrarme con grupos acampando, con los que me senté y entablé interesantes conversaciones, mientras compartíamos la belleza del paisaje.

A tanto me atreví, que una noche me perdí en medio de un pequeño bosque de eucalipto. Por suerte allí no hay lobos feroces.