Editorial

Esperpento

Esperpento

Como perdida entre los vericuetos  de una  ley orgánica del Ministerio Público aparece  la creación de una Policía Técnica Judicial que se erigiría como desprendimiento de la Policía Nacional,  cuyas  atribuciones constitucionales de “prevenir y controlar los delitos, perseguir e investigar  las infracciones penales, bajo la dirección legal  de la autoridad competente”, serían  usurpadas y suplantadas por ese esperpento.

Esa ley aprobada por el Congreso Nacional viola la Carta Sustantiva por cuanto desnaturaliza el papel del Ministerio Público de jefe de la investigación criminal para asumir el  de perseguir e investigar las infracciones penales asignado a la Policía, como lo establece el numeral 3 del artículo 255 de la Constitución.

A pesar de que  ese cuerpo técnico quedaría  en el ámbito de la institución policial y dependería del presupuesto de la institución, sus miembros no responderían a las directrices de la Jefatura de ese cuerpo, sino a un funcionario civil, en violación a la Ley organiza de la Policía (96/04) que señala que el mando inmediato de  la Policía estará a cargo del jefe de la Policía Nacional.

Ahora resulta que  el Ministerio Público  pretende crear su propia policía encargada de  investigar, perseguir, apresar y tal vez de  resguardar el orden público y de salvaguardar la seguridad ciudadana, pero con personal y recursos despojados a la Policía,  que no tendría razón de existir, pues su papel de auxiliar de la justicia sería asumido de manera directa por los fiscales.

La creación de una Policía Técnica Judicial constituye un acto de comparonería oficial que no tendría ningún efecto  sobre la reducción  de la criminalidad y, por el contrario, crearía un caos mayor en lo que debe ser una labor armoniosa en la prevención, investigación y persecución de crímenes y delitos.

Los miembros de ese engendro que se pretende instituir no tendrían ningún control disciplinario, porque la ley los exonera de cumplir con las normativas  de la dirección central de Asuntos Internos de la Policía, a cuyo jefe tampoco obedecerían, por lo que  esos “policías técnicos”   dispondrían de poder y autoridad sin fiscalización alguna.

Es menester insistir en que la Constitución otorga a la Policía  la prerrogativa de prevenir e investigar el delito en todas sus manifestaciones, bajo la tutela del Ministerio Público, que no puede incursionar en  esa tarea basado en el mandato de su ley orgánica, que tiene similar categoría a la que rige  al cuerpo policial que le asigna la administración  de los recursos humanos, materiales y financieros involucrados en ese quehacer.

El intento por crear una  Policía Técnica Judicial constituye  una exagerada y extemporánea  expresión de extranjerismo del Ministerio Publico, que el presidente Leonel Fernández está obligado a enmendar por vía de la observación de la ley que contiene tan ridícula iniciativa.

El Nacional

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