Sectas religiosas han puesto fecha cierta al fin del mundo, como un erudito bíblico estadounidense que vaticina que el cataclismo final ocurrirá el 21 de mayo de 2011 y otro gurú taiwanés que asegura esa isla será devastada el 11 de mayo por un terremoto de 14 grados y posterior tsunami, en tanto una iglesia evangélica predice que un gran terremoto afectará a República Dominicana.
Ninguna de esas predicciones se sustenta en base científica ni en interpretación lógica de textos religiosos, pero quienes las divulgan han logrado crear niveles de pánico o incertidumbre entre creyentes o seguidores, especialmente en Estados Unidos, donde en algunos lugares se han colocado relojes para precisar el tiempo que resta antes del holocausto.
La versión más difundida sobre el fin del mundo es del estadounidense Harold Camping, un ingeniero retirado de 88 años, quien ha estudiado la Biblia por 70 años y asegura haber desarrollado un sistema matemático de interpretación de las profecías que indica que la fecha real para el fin de los tiempos es el 21 de mayo.
Centenares de seguidores de Camping distribuyen camisetas y folletos por los estados de la Unión Americana anunciando la fecha exacta del Día del Juicio, mientras tal vaticinio se divulga por estaciones de radio en China y América central.
Esa versión apocalíptica es difundida también por grupos esotéricos que alegan interpretar el calendario Maya, según el cual el mundo acabaría el 21 de diciembre de 2012, aunque se precisa que en los textos de esa cultura pre hispánica se menciona el fin del período en sólo dos oportunidades.
Tan temerarios e ilógicos vaticinios penetran al traspatio dominicano a través de una iglesia protestante de Barahona que divulga la historia de una mujer que al dormitar, durante dos días tuvo una revelación divina sobre un supuesto holocausto sísmico, sin precisar si el fin de los tiempos comenzaría por esa península sureña.
Lo cierto y verdadero es que el mundo padece una crisis económica y financiera sin precedentes desde la Gran Depresión de los años 30 y que no pocas zonas del planeta están sometidas a conflictos bélicos o convulsiones sociales, pero ningún mortal está en capacidad de asegurar o predecir que el globo terráqueo dejará de girar sobre su eje imaginario.
Desde el principio de los tiempos con frecuencia se vaticina el fin del mundo sin que se cumpla jamás tan angustiosa profecía, por lo que se aconseja que cada quien se guarezca en sus propias convicciones bajo el incontrastable axioma de que el mundo, en término material se acaba o termina con la muerte física.

