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Esto pienso, esto creo: La vida es sencilla y armoniosa, nosotros la complicamos

Esto pienso, esto creo: La vida es sencilla y armoniosa, nosotros la complicamos

Rafael R. Ramírez Ferreira

Todos los refranes tienen su porqué; “Si no te gusta la mano que te reparten, cambia la baraja” y esto, le cae como anillo al dedo, en general, a todas nuestras instituciones dentro de esta contaminada sociedad. Asistimos a un periodo dominado desde hace un tiempo, por capacitados “teóricos”, los cuales pareciesen creer firmemente, en sueños o ilusiones que solo son producto de sus mentes para resolver los graves problemas por los que se ven acosados, al ejercer una función pública, incluyendo a las FF.AA. y la Policía nacional.

Es como si en unos alveolos hallábase organizados todos los manuales, procedimientos y leyes que se puedan concebir, pero que nadie los usase, y solo su pensar fuese la guía para actuar dentro de las funciones que les corresponden.

Por eso considero que no es del todo cierto, aquello de que nadie es imprescindible y como muestra dos botones: Miguel Cocco en Aduanas y Hamlet Hermann con el tránsito, donde después de ellos, nadie ha podido calzarse sus zapatos.

Se han perdido tantas cosas, que en su momento parecían nimiedades, pero que hoy, adquieren primacías ante las situaciones que nos asolan.

Las imágenes esparcidas por las redes donde un grupo de soldados se parapetaban detrás de un muro ante las embestidas de una horda haitiana que los acosaba en la línea fronteriza y la manera del cómo fueron socorridas por otras tropas, me dejó un amargo sabor. Al igual que los Policías se enfrentan a los “tigueres” en los barrios, de igual manera actuaron estos soldados, estableciendo un intercambio de piedras donde dejó de existir la autoridad y el derecho, para convertirse en un pleito de turbas.

Se han dejado de lado todas las cosas bien pensadas que antes se llevaban a cabo como una rutina cualquiera, pero, que tenían un valor incalculable a la hora de la verdad.

Por ejemplo; Ejercitarse de antemano en simular todas las acciones que pudiesen ocurrir, por más absurdas que en su momento aparentasen y que en vez de llevar esa costumbre a la modernidad de las computadoras, se han obviado y ha esto se le llama entrenamiento.

Planificar en ordenadores todas las imaginables amenazas que pudiesen presentarse en la frontera -por ejemplo- para que cuando ocurra en lo real, el ordenador, con un simple clic, les mostraría la posible solución. Pero esto parece -en estos momentos- más bien, una utopía, es la percepción que recibo.

A todo esto, no hay que esperar la señal de algún terrible gueblí, porque a diario nos llegan esas ráfagas de caos producida por indomables esperpentos, ya no solo en nuestros barrios más pobres o a lo largo de la línea fronteriza sino, hasta en los lugares más inimaginables en nuestro territorio y nada pasa, porque nadie toma las medidas para contener esta avalancha que amenaza nuestra seguridad como país, pero ¿hasta cuándo será?

Pareciese, como si aquellos que llegan a una posición ejecutiva, en lo civil, militar o policial, se acostumbrasen en el acto al triunfo, principalmente en estos tiempos, siendo esos “triunfos” fabricados en el aire, en base a los medios de comunicación, olvidando que este modo de comportamiento o dirección es como si un avión chocara con una montaña, es decir, con la realidad.

 El inmediatismo nos consume, teniendo el clientelismo político la mayor de las culpas, si hoy -Dios nos libre- sucediese una desgracia como la caída de algún puente de los principales del país ¿cómo actuarían las fuerzas de seguridad? ¿Si producto del caos en Haití se produjese una avalancha pacífica hacia nuestro territorio, qué acciones y como la llevarían a cabo nuestros cuerpos de defensa? ¿Tienen el plan? ¿Lo practican? ¿Conocen los soldados lo que deben hacer? Según lo ocurrido en Pedernales, parece que no. ¡Sí señor!

El Nacional

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