Líderes comunitarios y religiosos haitianos ha ofrecido una objetiva descripción del drama que padece Haití después del terremoto del 12 de enero, cuya lenta reconstrucción y escaso flujo de ayuda son manejados por extranjeros que no hablan francés ni creole.
Organismos internacionales han excluido a la sociedad haitiana del proceso de recuperación de ese devastado territorio, por lo que entidades foráneas, la mayoría estadounidense, trazan planes al margen de las necesidades del liderazgo y población.
Lo más grave de todo lo expuesto por esos líderes sociales haitianos ha sido su denuncia de que la ayuda en especie y dinero no llega a la mayoría de damnificados por el sismo.
El sacerdote Lazard Wismith, el economista Pierre Jorés Merrat y la dirigente comunitaria Colette Lespinasse; Sonia Vásquez, de la Fundación Progressio y el reverendo Mario Serrano, del Centro Bonó, analizaron la situación haitiana al comparecer como invitados al almuerzo del Grupo de Comunicaciones Corripio.
Jorés Merat, un investigador de la Universidad de Haití, resaltó que el envío de más de dos mil millones de dólares en productos diversos ha significado la quiebra para la agricultura haitiana que no encuentra mercado para sus productos.
Ese contrasentido se produce porque ningún dirigente haitiano ha sido incluido en los niveles de dirección de los programas de asistencia que son conducidos por extranjeros anclados en el aeropuerto de Puerto Príncipe.
Lespinasse, dirigente de gran arraigo comunitario, se queja porque la multimillonaria ayuda anunciada durante la Cumbre de Nueva York se ha quedado en titulares de periódicos.
A seis meses del terremoto, Haití permanece sin poder decidir su propio destino, sumido en la destrucción y la desesperanza, con la mayoría de su población que aún se guarece en carpas o con el cielo como techo.
Los haitianos han sido excluidos del programa de reconstrucción, dirigido hoy por extranjeros de laboratorio que sólo se comunican en inglés.

