Expresidente Billini tuvo que recurrir a prestamistas para mantener su familia

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Se juramentó como presidente de la República para un período de dos años, desde el 1 de septiembre de 1884. Por consiguiente, estaba supuesto a entregar a un sucesor, el 1 de septiembre de 1886.
En cambio, el 16 de mayo de 1885 delegó la Presidencia de la República en el general Alejandro Woss y Gil. En términos sucesorales, le correspondía el cargo a Woss y Gil, pues era el Vicepresidente del general Francisco Gregorio Billini.

¿Bajo cuales circunstancias cedió Billini la Presidencia de la República? No pueden haber sido las mejores, pues todos recordamos aquello de que “mientras mis enemigos creen que estoy bajando, yo me siento de pie sobre la cumbre”.

Los estudiantes no sabíamos mucho más de su carta de renuncia. Pero esta expresión, parte del texto presentado al país aquél 16 de mayo de 1885, lo decía todo. Y todavía hoy, pasados cincuenta años desde el día en que la conocimos, la frase la cito de memoria.

Billini (con Woss y Gil como Vicepresidente), era el tercer hombre con ejercicio sucedáneo.
El héroe restaurador, el general Gregorio Luperón concibió estos ejercicios por bienios. Los impulsó con hombres de su organización, el partido azul. Entendió factible cortar por medio de tal práctica, las desbordadas ambiciones de los dominicanos.

Con dos años en el poder, todo el generalato de Concho Primo se concebiría en turno para la Presidencia. Pero justamente un seguidor, amigo y apadrinado de él, no se avenía a tal procedimiento. Hablo del general Ulises Heureaux, mejor conocido como Lilís.

La prueba comenzó con el Presbítero Fernando Arturo de Meriño. El Padre Meriño aún no había sido consagrado como Arzobispo.

El célebre sacerdote ejerció del 1 de septiembre de 1880 al 1 de septiembre de 1882. Encontró graves tropiezos, como les contaré en otra entrega en breves días, pero cumplió.

El Ministro de Estado de Interior y Policía del Padre Meriño fue, precisamente, Lilís.
En 1882 fueron Ulises Heureaux (Lilís) y el general Casimiro Nemesio de Moya, ejercerían la Presidencia y la Vicepresidencia respectivamente, hasta 1884.

Al cumplir, entregaron el 1 de septiembre de 1884 a Billini y a Woss y Gil. Ninguno de estos dos fueron recomendados por Luperón, sino por Lilís. A la gran espada de la Restauración le llamó la atención la iniciativa. Decidió, empero pasar por alto la ligereza.

Con todo, a Lilís le picaban las pulgas. Percibía acechanzas y presiones en su contra. Billini procuraba acomodarlo tanto como le era dable. Lilís sentía no tanto incomodidad como inconformidad con el mandato.

Billini concibió y buscó ejercer un régimen de amplias libertades. Sobre todo, de opinión pública, expresada ésta, en esos años, por los únicos medios concebibles, los escritos impresos. Pero en ellos anidaban las pulgas de Lilís.

Y por supuesto, se le quejaba y sabrá Dios cómo externaba esa quejumbre, contra su amigo, el Presidente Billini. No tuvo en cuenta Lilís que él mismo, Lilís, prohijó la candidatura de sus sucesores.
Llegó, por fin, el 16 de mayo de 1885. En este recorrido de 9 meses desde la toma de posesión, Billini sintió un terrible hartazgo de Poder.

En ese período de 9 meses amnistió a políticos enemigos del Partido Azul, permitió el retorno de otros y patrocinó obras pujantes. Los periódicos de esos días, de limitado tiraje y por ende, pobre circulación, no tenían empacho en criticar a todos.
Pero todo ello, satisfactorio para el Presidente Billini, era intolerable para sus amigos. Por eso, este 16 de mayo, amanece el Presidente Billini con la guinea en la cabeza. Y entrega la carta, concebida –y escrita-, desde días anteriores.

Baja del solio, dice, limpias de peculado sus manos, alta y serena la frente. Por eso, remata, recordando que mientras sus enemigos creen que desciende, en realidad se encuentra de pie sobre la cumbre.
Para sobrevivir económicamente comienza la publicación del semanario, “El Eco de la Opinión”.

Al fallecer cinco años después su tío, el padre Francisco Xavier Billini, encuentra un modo de vida al asumir la dirección del Colegio San Luis Gonzaga. Entre tanto debió vivir de ayudas, sobre todo de monseñor de Meriño.