Febrero y sus significados

PÁGINA 29 Miles de personas participan en una concentración en la Plaza de la Bandera en protesta de la suspensión de las elecciones municipales.


Hasta hace poco para mí el mes de febrero tenía un significado… y me traía muchos recuerdos. El más especial es el de aquella vez en que sentí en mi corazón la conciencia de ser dominicana. Y es que, a pesar de que febrero es el mes de la patria, y en los colegios es tradición realizar actos, bailes, obras y poesías coreadas para celebrar la misma, creo a todos nos llega la conciencia en un momento determinado. Yo recuerdo que ese año llegó a casa un calendario, quizás de Maggie, que cada mes lo escenificaba con una receta de un plato bien dominicano e intentábamos, siempre que se podía, hacerlo. Ahí fue la primera vez que deseé que fuera febrero porque las papas rellenas, que tocaban en enero, no se comparaban con el plato que traía febrero: pastelón de harina de maíz con carne molida.

Llegó febrero y la promesa era comernos el pastelón el 27 para llegar a ese día había que pasar por otros… incluyendo el día del amor. Caminaba por la callecita y veía como en cada casa se posaba la bandera, pequeñas, más grandes, casi en coincidencia con el tamaño de la casa… la nuestra era mediana.

Recuerdo que caminando por la calle Curazao, disfrazada y rumbo a una especie de carnaval barrial, alcancé a ver una marcha de personas con muchas banderas y carteles que hablaban del amor por RD me paré a mirar con toda mi indumentaria de gitana, muchos collares que no podía botar… y todo el maquillaje. Miré y miré, hasta que la multitud me fue arropando… estudiantes, amas de casas, colmaderos, el doctor, el dueño de la farmacia y albañiles caminaban contentos… mientras que en algún cruce se escuchaba el merengue de Fernando Villalona que se titula “Música latina”.

No estaba supuesta a caminar con ellos, de hecho yo iba para otro lado, pero los seguí…una señora me preguntó que con quién andaba, le dije que sola, me dijo ahora andas conmigo… me agarró de la mano. Era morena y tenía un monedero pequeño que en algún momento guardó en sus brasieres… me brindó un refresco rojo o quizás era un merengue y llegamos a una calle donde todo el mundo se paró a escuchar a un señor, que yo no conocía, que hablaba de la importancia de la obra de nuestros padres de la patria. Ahí vi al director de mi colegio. Y recuerdo que tomó un turno para hablar y recuerdo algo que dijo sobre Balaguer.
Pero aunque lo que se hablaba era triste el relato parecía ser alegre… se confundía todo entre patria y carnaval y la señora morena me dijo: “Mija, es que la patria es como la madre, quien la niega, pierde”. Lo dijo mirando de frente, no sé a qué vino, pero nunca lo he olvidado.

Me preguntó dónde vivía, le dije que en la 19, me llevó a la calle y me pidió señalara la casa… ya estaba oscuro, todos estaban preocupados, llegamos y ella se disculpó por mí. Le dijo a mi mamá que me perdone, le contó lo mucho que le gustaba el carnaval y las fiestas patrias, “tanto que nací un 27”… Me dormí con el disfraz de gitana que nunca lucí en carnaval. Ese febrero me enseñó lo que era ser dominicana… y este febrero, muchos años después, me lo reafirmó. Además hoy aprendí algo más: la patria no es una obra conclusa, es algo que hacemos todos los días. En la plaza de la bandera o en cualquier lugar donde alcemos nuestra voz, emprendamos una acción o actuemos por y para hacerla más grande, mejor.

No hay duda de que hoy nuestra patria es más grande, nuestra libertad es más grande, nuestros sueños son más grandes y aunque no lo parezca, nuestra unión es más fuerte y es que nos une algo, ese vínculo, ese deseo… hoy nuestra patria es un deseo común de hacer que este país sea mejor, para todos.
La autora es abogada.