La industria del turismo en España, que cerró un 2025 de ensueño con casi 97 millones de visitantes, contiene hoy el aliento.
La negativa tajante del Gobierno de Pedro Sánchez a colaborar en la Operación Furia Épica, liderada por Estados Unidos contra Irán, ha abierto una grieta diplomática de consecuencias imprevisibles.
Mientras el presidente español se reafirma en el «No a la guerra», en Washington los tambores de represalia económica empiezan a sonar con fuerza, poniendo en el punto de mira al sector que aporta el 13 % del PIB español.
El pasado 4 de marzo, la Casa Blanca dejó caer una advertencia que ha encendido las alarmas en la Mesa del Turismo: la posibilidad de elevar la alerta de viaje (travel advisory) para España a Nivel 3 (reconsiderar viajar).
Aunque oficialmente se justificaría por el riesgo de inestabilidad regional derivado del conflicto, en los pasillos de Bruselas y Madrid se interpreta como un castigo político directo por no permitir el uso ofensivo de las bases de Rota y Morón.
Sin embargo, el contexto es distinto: el turista estadounidense ya no es un visitante secundario. El impacto de un enfriamiento en las relaciones con EE. UU. no es solo simbólico, es matemático, debido a que existe un gasto récord. Los 5 millones de estadounidenses que visitaron España el año pasado dejaron más de 10,000 millones de euros. Perder una fracción de este mercado, el de mayor gasto diario (274 € de media), sería un golpe letal para el turismo de lujo y cultural en ciudades como Madrid, Barcelona y Sevilla.
Otro aspecto es la conectividad en riesgo; con 25 rutas directas operando actualmente, una recomendación negativa de viaje podría obligar a aerolíneas como Delta o United a reducir frecuencias, encareciendo los precios y aislando a España del mercado norteamericano.
Al día de hoy, los datos muestran que el turismo estadounidense sigue batiendo récords en España y la conectividad aérea está en máximos históricos. El estadounidense que viaja a España suele tener un poder adquisitivo alto y busca experiencias culturales.
No todo es pesimismo para los españoles. Algunos analistas sugieren que la guerra en Oriente Medio podría, paradójicamente, beneficiar a España a corto plazo.
Gigantes del sector como TUI apuntan que España sigue siendo percibida como un refugio seguro frente a la inestabilidad en el Mediterráneo Oriental. Si el conflicto se recrudece, el turista estadounidense podría no dejar de viajar a Europa, sino simplemente cambiar destinos.
En conclusión, entre la ética y la cartera, el sector turístico español se enfrenta a un dilema de hierro. Por un lado, la lealtad a una política exterior soberana que rechaza la escalada bélica; por otro, la dependencia de un gigante que tiene el poder de desviar millones de viajeros con un solo comunicado oficial.
Según reportes, por ahora, los hoteles siguen llenos de acentos de Nueva York y California, pero la pregunta flota en el aire: ¿Seguirán viniendo si Washington decide que España ya no es un socio fiable?

