Firmes en los principios

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República Dominicana tiene el mandato de los forjadores de la nacionalidad de no colocar jamás sus rodillas sobre el pavimento, menos cuando se trate de defender su bien ganada soberanía y el absoluto ejercicio de la autodeterminación.

Ese mensaje debe ser claramente transmitido a la nominada embajadora de Estados Unidos, Robin Bernstein, al Congreso y al Departamento de Estado de la Unión Americana y, obviamente, a todo el mundo, que deben saber que el país reivindica el derecho a regular su migración.

El consejero de asuntos públicos de la legación estadounidense, Chase Beamer, declaró a Diario Libre que la afirmación de Bernstein, de que vendría a defender a ciudadanos en condiciones de apatridia es coherente con las políticas de esa nación, en defensa de los derechos humanos.

Ese funcionario afirma que su legación valora los esfuerzos del Gobierno dominicano “por restaurar la nacionalidad a esta población…” y “asegurar que ningún ciudadano sea marginado debido a su raza o etnia”, articuladas declaraciones diplomáticas donde se resaltan posible apatridia o discriminación por razones de ascendencia o descendencia.

La nominanda embajadora de Estados Unidos debe tener muy claro su compromiso de respetar la soberanía del Estado dominicano, el derecho de sus autoridades a imponer control migratorio, así como tener la seguridad de que aquí se respetan los derechos de los inmigrantes o residentes y de que no se promueve apatridia.