La declinación a la precandidatura presidencial del Partido de la Liberación (PLD), anunciada anoche por la doctora Margarita Cedeño de Fernández, parece resolver un inusitado conflicto interno, pero devela el alto nivel de intolerancia que se atribuye a una gerontocracia partidaria que se dice apeló a toda su influencia burocrática para impedir el usufructo de un derecho constitucional a elegir y ser elegido.
En su escrito de renuncia a esa precandidatura que había sido aprobada por el Comité Central del PLD, la también Primera Dama se ha referido a los que …activa o pasivamente han impedido que el pueblo hable y decida…, a quienes ha advertido que no hay victoria sin libertad y los tilda de equivocados porque creen que la unidad es más fuerte sin libertad y sin pluralidad.
Es obvio que la doctora de Fernández no pudo ingresar en la carrera por la candidatura presidencial peledeísta al sucumbir ante la intensa presión de dirigentes morados que han conformado por su cuenta un añejo oráculo cuyas consideraciones políticas tienen la calidad de juicios divinos e inapelables.
A la membresía de ese partido le correspondía por vía del sufragio, a la que ha sido convocada para el 26 de junio, decidir si la precandidatura de la señora de Fernández tendría algún valor o si merecía ser rechazada por inoportuna e improcedente.
Las razones expuestas por la doctora de Fernández para declinar a una legítima aspiración indican que la dirección del PLD ha enviado una mala señal al conglomerado nacional al ejercer un tipo de presión que rayaría en lo irracional y antidemocrático, para impedir que una mujer pueda optar por la candidatura presidencial, por el extraño pecado de ser esposa de su marido.
Esos lanceros del PLD demostraron también que no creen en la promesa del presidente Leonel Fernández de que sería un árbitro imparcial en el proceso electoral interno, al obligarlo a sacrificar derechos inalienables de su esposa, para despejar dudas de su accionar político.
La democracia política se sustenta todavía en los partidos, a pesar de que esas instituciones -grandes y pequeñas- ofrecen constantes notaciones de intolerancia, grupismo o dictadura vertical y corporativa, por lo que la sociedad dominicana debería observar con legítima preocupación el episodio que acaba de acontecer en el PLD.
Tras la compulsiva declinación de la doctora de Fernández a su precandidatura presidencial, el PLD seguirá con sus movimientos de rotación-traslación, pero ese suceso ha puesto al desnudo a una gerontocracia partidaria a la que hay que informarle que aquí se intenta vivir en una auténtica democracia.

